Una escuadra de mercenarios artilleros venecianos recibe el encargo de trasladar un valiosísimo retablo desde Zaragoza hasta Roma. Aunque no les pagan lo suficiente, aceptan de inmediato porque creen que en Zaragoza encontrarán el secreto para fabricar los mejores cañones del mundo, que dicen proceden de allí. Pero sus planes se ven alterados con el asalto a la ciudad por las tropas de Napoleón.
Esta novela puede considerarse histórica tanto por el escenario en que se desarrolla el asedio a Zaragoza durante la Guerra de la Independenciacomo por la convivencia de figuras históricas con personajes de creación literaria. Los autores, ambos zaragozanos, trasladan al lector a la ciudad del Ebro, con sus rincones, palacios, callejuelas, tipos sociales, y le introducen con marcado realismo en el fragor de las batallas, los bombardeos y, sobre todo, la defensa heroica de los aragoneses ante el poderoso ejército de Napoleón, durante el Primer Sitio. En el libro, escrito con un lenguaje preciso y directo, interesante, ameno y bien documentado, no faltan la intriga, la acción, los amores de guerra, con unos personajes que van haciéndose cercanos al involucrarse totalmente en la batalla. En las primeras páginas se dice que el retablo que se traslada es fruto del expolio de tesoros artísticos de que está siendo objeto la ciudad, y quien lo compra es el Papa Pío VII. No vuelve a tocarse el tema: parece sólo una excusa para dar comienzo al relato.
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