Essein, ya adulto, regresa a su aldea del noroeste de Burkina Faso, tras haber sido despedido de una plantación de cacao en Costa de Marfil. Acompañado de Ramala, a quien ha conocido allí, intentarán empezar una nueva vida juntos, lejos de los malos tratos y las duras condiciones que han soportado. Esta bonita historia, inspirada, según la autora, en una foto que le muestra una amiga de dos chicos que mendigan con una lata de tomate en ese país, transcurre en escenarios africanos, descritos de forma plástica y sensorial, muy acordes con el tono intimista y evocador que impregna todo el relato. Los recuerdos de la infancia del protagonista sirven de hilo conductor para acercar al lector a la realidad actual de las zonas rurales de África, desde un punto de vista amplio y sin prejuicios. Por el libro desfilan sus modos de vida, sus variadas creencias religiosas, los matrimonios concertados, la educación de la mujer, con sus luces y sus sombras, y todo en un clima de pobreza pero, a la vez, de felicidad natural en gentes que saben encontrar, en un equilibrio con la naturaleza y los animales, modos sencillos de supervivencia. Entretenida y de fácil lectura, sus personajes proporcionan momentos emotivos y tiernos con la expresión de sentimientos de genuina amistad y de amor y respeto dentro de la familia.
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