En forma de extensa carta dedicada a su hijo, miembro de la banda terrorista ETA huido a Francia, José Ramón Goñi Tirapu, gobernador civil de Guipúzcoa entre 1987 y 1990, denuncia la violencia desencadena por los separatistas en el País Vasco a partir de 1975. Durante los años que el autor se mantuvo al frente del Gobierno Civil de Guipúzcoa, se cometieron 400 asesinatos de víctimas inocentes.
Al recordar los años de trato familiar con su hijo durante su infancia y juventud, el autor alterna la expresión de sentimientos de ternura y afecto propios de un padre, con su rechazo a las acciones criminales de ETA, que carecen para él de sentido racional. Atribuye al fanatismo de grupos sembradores de un odio artificial, que no existía en la sociedad vasca, la responsabilidad de la locura colectiva que hizo posible la existencia de ETA. Considera que la sociedad cayó víctima de una enfermedad mortal que enfrentó a padres contra hijos, a hermanos, vecinos y amigos, en grave ruptura de los vínculos de sangre o de convivencia social. Desmonta los mitos de la raza y la cultura ancestral del pueblo vasco, fundido durante siglos en la nación española a la que defendió con las armas dentro y fuera de la Península. Las frases dedicadas al hijo se interrumpen con frecuencia para exponer sus razones y hacerle reflexionar sobre la falsedad de los ideales que pretenden justificar el terrorismo. En el fondo, late un larvado pesimismo sobre la eficacia de los razonamientos expresados en la carta, aunque no llegue a perder definitivamente la esperanza de recuperar el cariño del hijo. Al valor emocional de los sentimientos expresados con estilo directo y sencillo, la obra añade datos de gran interés para conocer el brutal terrorismo desencadenado por ETA.
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