El amigo Fritz, de Erckmann-Chatrian

 

 

 

La Fundación Troa ha rescatado, tras largas décadas de olvido, esta novela romántica donde se palpa toda la ternura de un ambiente de vida sencilla y gentes apacibles.

 

 

 

 

 

Por Pilar de Cecilia

Cuando Zacharías Kobus, juez de paz de una pequeña población alsaciana, murió en 1832, dejó en herencia a Fritz, su único hijo, una bella casa, una buena granja y no pocos escudos, colocados en sólidas hipotecas.

Así comienza la historia de este afortunado heredero de veintiún años que dedicó los quince siguientes a hacer cuentas, recibir rentas, visitar sus tierras y disfrutar de la compañía de sus amigos en el casino o en la cervecería local. Cabeza fría, buena salud y carácter amable le propiciaron ser conocido entre sus convecinos. Al contrario que otros de sus antiguos compañeros, no tenía deseos de ascender en la escala social, ni ambiciones políticas y menos aún, intenciones de enriquecerse rápidamente, tal como el despertar de la sociedad industrial permitía en aquellos tiempos.
En el momento de iniciarse la novela, el protagonista, ya cumplidos los treinta y seis años de edad, permanece obstinadamente soltero, muy satisfecho con su plácida situación, su agradable casa y los cuidados que en ella le prodiga una antigua y experta criada. Aunque de fe cristiana, su padre fue en vida muy amigo del rabino local y es este quien, ya anciano, se esfuerza en persuadir a Fritz de la conveniencia de fundar una familia. A pesar de haberle indicado en numerosas ocasiones, posibles mujeres de buena posición y agradable aspecto con las que pudiera casarse, ha fracasado siempre en sus intentos, con el consiguiente regocijo de quienes los conocían.
Esta es la situación de la que parten los autores franceses Emile Erckmann (1822-1899) y Alexandre Chatrian (1826-1890) para escribir esta obra, cuya primera edición data de 1864.Desde que se conocieron, en 1847, ambos escribieron en colaboración numerosas novelas y piezas de teatro, hasta que, en 1866, su colaboración acabó definitivamente tras una abrupta ruptura, provocada por desacuerdos acerca del reparto de derechos de autor. Durante esos casi veinte años de trabajo conjunto, alcanzaron notable fama, con títulos que fueron muy apreciados por el público, entre los que se cuenta “El Amigo Fritz”, ahora rescatado, tras largas décadas de olvido.
La acción, bien proporcionada, ni demasiado extensa ni breve en exceso, narra el proceso de transformación de Fritz, desde su pertinaz rechazo del matrimonio hasta el momento de contraerlo, como conclusión lógica de un enamoramiento tan súbito como absorbente. Los autores parecen complacerse en observar a su personaje con benévola diversión al verlo experimentar este cambio radical que implica la renuncia a todas sus anteriores convicciones que con tanta firmeza defendía una y otra vez.
Como fondo a este entramado argumental, tratado desde una perspectiva romántica que tiende a idealizar unas formas de vida sencillas, aparece un completo cuadro de costumbres de tono regionalista, que evocan el pasado, entonces reciente, de las tierras de la región de Alsacia-Lorena, donde ambos autores nacieron. Descripciones de paisajes, alusiones a la gastronomía y las formas de vestir, celebraciones locales, acontecimientos naturales, como la llegada de las primeras cigüeñas o el momento de llenar las botellas del vino guardado durante largos meses en barriles, animan con su notable expresividad plástica el escenario en el que, finalmente, “el amigo Fritz” va a renunciar a sus más firmes principios de soltería. En este entorno rural apacible y cordial, destaca la amable convivencia, sin tensiones entre judíos, católicos y protestantes, cada uno de estos grupos con su forma de pensar y actuar, respetada por los demás.
El evidente tono sentimental de los capítulos finales, el carácter como de “sinfonía pastoral” que cobra la exaltación lírica del paisaje y del ambiente festivo de pueblos y aldeas con el final del invierno y las referencias ala llegada de días más cálidos y luminosos, son valores literarios que aportan a la novela un sano optimismo vital que se contagia al lector con sutil eficacia.
A pesar de las bromas que sus amigos dirigen al enamorado reciente, la obra encierra una firme defensa del matrimonio y la familia que implica también un elogio de la condición femenina, cuando se trata de mujeres capaces de mantener bien sujetas las riendas del hogar, sin que ello suponga imposiciones abusivas.
El sabor de época que encierran estas amables páginas evoca un tiempo lejano y un modo de vivir desaparecido hace mucho. Sin embargo el traductor, uno de los más veteranos y prestigiosos de esta profesión en España, ha sabido transmitir con acierto al lector de hoylas esencias de esos valores costumbristas por medio de un lenguaje literario equivalente, adaptado a los usos actuales del lenguaje literario.
La novela adquiere así un tono evocador y cordial que nos permite acceder a otros tiempos y lugares que forman parte del patrimonio cultural y costumbrista de una zona fronteriza de Europa que se mostraba solidaria y abierta. Una región que apenas hubiera sido capaz de imaginar los dramáticas acontecimientos bélicos que asolarían en el siglo XX, las bucólicas tierras que forman el marco ambiental de esta novela.

 

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