El genio que todos llevamos dentro, de David Shenck

David Shenk, divulgador de actualidad, en un lenguaje sencillo y comprensible pone al alcance del gran público las últimas investigaciones de genetistas, neurocientíficos y psicólogos. Escritor, colaborador de National Geographic, ex asesor del Comité de Bioética de los EEUU, articulista de periódicos de gran tirada y autor del libro El genio que todos llevamos dentro.Con él ha vuelto a cobrar sentido la vieja frase: La práctica hace al maestro, una revisión de la cuestión del talento y de los genes, que obliga a repensarlo todo.

 

Por Juliana Manrique Alonso

El libro es una advertencia a todos los que aspiran alcanzar algo, en cualquier ámbito y a cualquier nivel. En un mundo obsesionado por descubrir nuestras habilidades innatas, las investigaciones, evidencias, estudios… de los más prestigiosos  científicos proponen un cambio: dejar de concebirlas como algo innato y empezar a considerarlas como algo que se puede construir y desarrollar.

Tres ingredientes esenciales, según el autor, han mantenido con vida la idea de los dones naturales: el fenómeno inexplicable de los niños prodigio. El mito de los genes  como planos e inamovibles y la ausencia de alternativas científicas convincentes. Los últimos resultados probados que se recogen en el manual, hablan de que los logros son la consecuencia combinada de una exposición temprana, una instrucción excepcional, la práctica constante, el apoyo y estimulo de la familia y una voluntad intensa de aprender por parte dela persona; ingredientes que deben de mezclase de forma adecuada y en el momento adecuado.

Según el musicólogo y neurocientífico David J. Levitin, la palabra “talento” es ambigua y se usa de diversas formas, por ejemplo para describir el interés de alguien por una actividad, o señalar una habilidad en desarrollo una inexplicable ventaja sobre sus colegas…también aplicamos el término después de haber conseguido algún logro significativo…el talento aparece así como algo intangible. Un equipo de expertos se ha propuesto en las tres últimas décadas hacerlo tangible.Y lo han hecho descomponiendo el logro deportivo, intelectual y artístico en pequeños componentes con el fin de medir y determinar lo que separa lo mediocre de lo bueno; lo bueno de lo muy bueno… Una descripción todavía incompleta, pero donde se aprecia claramente el proceso; pequeñas piezas que impulsan el mejoramiento individual poco a poco.

Objeto de numerosas investigaciones ha sido el hipocampo; su papel es fundamental en la memoria. Además es una de las pocas estructuras donde se generan nuevas neuronas. Eleanor Maguire una de las investigadoras más relevantes de la neurociencia de los últimos años, ha centrado sus estudios en esta parte de la configuración cerebral, conocida por ser crucial para el aprendizaje y la memoria. Su punto de partida fue una pregunta: Igual que cuando ejercitamos un músculo éste crece, ¿crecen también las áreas cerebrales que ejercitamos? Y por lo tanto ¿se modifica el cerebro durante toda la vida y no solo en la infancia?Para comprobarlo estudió el cerebro de los taxistas de Londres. Profesionales que tienen que superar una durísima prueba para obtener la licencia. Consiste en memorizar 25.000 calles y miles de lugares. El aprendizaje medio es de 3 a 4 años y solo la mitad de los aspirantes aprueba. Maguire  escaneó el cerebro de los taxistas y demostró que en ellos es mayor el hipocampo posterior; se demostraba la plasticidad del cerebro humano adulto. Fue portada de todos los periódicos principales en el Reino Unido (y muchos del resto del mundo).

Entonces… ¿El rendimiento excepcional en los diferentes ámbitos de la vida como la música, el ajedrez, la memoria, etc…se explican por un talento fuera de lo común? No parece.La excelencia nunca fue tarea sola de los genes.  Es más bien la dedicación de muchas miles de horas…por si solos los genes no nos hacen listos, ni guapos, ni depresivos, ni alegres… no nos determinan. Todos los días, en todos los sentidos,contribuimos y decidimos que genes queremos que se activen. De ahí que el desarrollo dinámico sea el nuevo paradigma. Los genes influyen en todo, pero al mismo tiempo determinan en realidad muy poco;se relacionan con el entorno en un proceso dinámico que nos modela y nos pule constantemente.

Así las cosas, la creencia de que la inteligencia es una cantidad fija… es de un pesimismo brutal. Con la práctica, el entrenamiento y sobre todo con método, conseguimos aumentar nuestra atención, nuestra memoria y nuestro razonamiento y literalmente ser más inteligentes de lo que éramos antes…  La inteligencia no es una cosa, es un proceso.

Y qué pasa, se pregunta el autor, con las mutaciones genéticas que de forma predecible inducen a la aparición de enfermedades hereditarias. Y la contestación viene de la mano de otro científico, Patrick Betenson, profesor emérito de Etología de la Universidad de Cambridge. La herencia humana es mucho más compleja. La mayoría de los trastornos y enfermedades son poligénicos (implican muchos genes) y su expresión depende de las interacciones de los genes entre si y de los genes con el entorno. Un cable desconectado puede hacer que un coche no funcione, pero eso no significa que el cable por si solo sea el responsable del movimiento del coche.

También las ideas de Mendel han sido objeto de una actualización completa, al tiempo que un grupo de sabios sostiene que es necesario hacer borrón y cuenta nueva y definir una nueva forma completamente nueva de entender unos genes diseñados para ser flexibles. Cualquiera que pretenda describirlos como manuales de instrucciones pasivos, está minimizando su belleza y su poder.

El campo de la epigenética (el estudio de todos aquellos factores no genéticos que intervienen en el desarrollo de un organismo) ha surgido como un puente entre las influencias genéticas y ambientales; que introduce el concepto de libre albedrío en nuestra concepción de la genética y la de las generaciones futuras. Esto es algo importante, acaso el hallazgo de más calado en la ciencia dela herencia desde el descubrimiento del gen. Nadie puede predecir todavía las consecuencias precisas de estos descubrimientos porque es muy poco lo que sabemos. Sin embargo, si resulta claro que la epigenética está llamada a alterar de forma radical el modo en que entendemos las enfermedades, las habilidades, la evolución… Y todo empieza con una idea sencilla pero crucial: nuestro estilo de vida puede alterar la herencia; mejorándola o deteriorándola.


 

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