Entrevista a Tomás Malmierca

Tomás Malmierca, es un orientador Familiar, profesor en un colegio de Barcelona y presidente de Acción Familiar (AFA). Ediciones Palabra acaba de publicar su primer libro La mirada de papá, donde nos presenta los grandes retos de los padres de hoy.


 

 

 

 

 

 

Entrevista de Isabel Martínez Alemán

En la actualidad da la sensación de que no es importante el papel del padre. ¿Cuál cree que es este papel?

El problema está en que todo lo que se habla en los últimos decenios del papel del padre es: el padre se ha diluido, los padres ya no están, los padres no aparecen. Esto es lo que se está escribiendo en los últimos decenios sobre el padre. Inclusive la dilución de la necesidad de padre. Todo mi propósito al escribir este libro es darle precisamente la vuelta a eso: el padre no puede desaparecer, no puede eludir su responsabilidad, apartarse del mundo del crecimiento de los hijos porque estos necesitan a su padre. En el libro trato en alguna medida dar pautas, razones e ideas a los padres para que se impliquen en la educación y en el crecimiento de sus hijos.

¿Cómo influye la calidad del matrimonio en la educación de los hijos?

Tanto la paternidad como la maternidad se apoyan en el marketing que le hace el otro. Uno suele ser buen padre cuando su cónyuge dice a los hijos: “Vuestro padre es un buen hombre, hacedle caso” o “Vuestra madre está por encima de todo, vuestra madre es genial”. Eso otorga un equilibrio y una estabilidad afectiva. Por el contrario, basta que te diga una madre “Es que vuestro padre…” Eso va minando el concepto que los hijos tienen del padre. Precisamente es una de las cosas -los que nos dedicamos a la Orientación Familiar- que aconsejamos a los padres que desgraciadamente están separados: “salid adelante como podáis, pero lo que no debéis hacer nunca es criticar al otro, deteriorando su conducta, porque eso al final os pasará factura”.

No todos los padres educan bien a sus hijos…

Ciertamente, hay padres mal queridos y mal educados que no son capaces de educar bien a sus hijos. Pero lo que tenemos que hacer no es dar pautas desde las instituciones estatales sino generar cursos de orientación para padres y madres para que, en su situación singular, lo hagan bien.

El ejemplo es lo más importante pero, ¿qué hacemos cuando nos equivocamos, cuando lo damos mal?

Principalmente pedimos perdón. Los padres, gracias a Dios, somos humanos y nos equivocamos. Y lo que tenemos que aprender es a pedir perdón. Y todos tenemos que aprender a perdonar, ojo.

¿Con qué argumentos se puede convencer de la necesidad de la diferencia de roles?

Hay un argumento antropológico biológico. Desde el momento en que nacemos hay marcas que nos indican diferentes. Leí hace muchos años una obra de Mikel Gotzon Santamaría, Saber amar con el cuerpo, en el que te va explicando cómo la biología nos hace masculinos o femeninos. Uno en el libérrimo uso de su libertad podrá decidir comportarse con su conducta como le parezca. Pero las diferencias son objetivas y científicas.

Una frase muy de familia: “Vamos a hablar de hombre a hombre”. ¿Qué tienen esas conversaciones que solo las puede llevar a cabo un padre?

Indudablemente un padre siempre reconocerá mejor qué surge por el interior de un varón. De la misma forma ocurre cuando las madres y las hijas hablan de mujer a mujer. Es muy bonito hablar de hombre a hombre o de mujer a mujer sin quitarle al otro ningún protagonismo. Los matrimonios tenemos que aprender a ser complementarios. Es una realidad bonita y muy sabrosa.

 

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