Humillados y ofendidos, de Fedor Dostoiewski

 

 

Publicada en 1861 como folletín y muy mal recibida por la crítica, Humillados y ofendidos es una de las primeras grandes obras de Dostoiewski. Seguramente no es la mejor escrita, si la comparamos con la complejidad de  Crimen y castigo o Los hermanos Karamazov,  pero posiblemente sea la más adictiva debido a sus múltiples lecturas, a su acción casi frenética y a que abundan los diálogos frente a las descripciones. Además, es bastante autobiográfica y, en cierto modo, profética sobre lo que se avecinaba en Rusia. Fue la primera novela que escribió tras su encarcelamiento en Siberia

 

Por Hugo Carrión

Humillados y ofendidos es una novela coral con personajes articulados como si fueran marionetas y  ambientada, a mediados del siglo XIX, en un San Petesburgo de clase media-baja, gran miseria moral y muy lúgubre.

“Era una historia sombría, una de esas historias sombrías y torturantes que con tanta frecuencia, oculta y casi misteriosamente, se desarrollan bajo el cielo plomizo de Petersburgo en rincones lóbregos y secretos de la enorme ciudad, en medio del caprichoso bullicio de la vida, de torpes egoísmos, de intereses desbordados, de turbia perversidad, de sangrientos crímenes…”

A lo largo de toda la historia, dos destinos se entremezclan – el de Natasha y el de Nelly- en un relato narrado por Iván Petróvich (Vania), un personaje observador, escritor, introvertido y misterioso –trasunto, dicen los expertos, de un joven Dostoiewski-, verdadero protagonista de la novela y locamente enamorado de la primera de las jóvenes.

Natasha es hija de Nikolaï Serguéitch, antiguo intendente del príncipe Valkovsky, y enamorada de Eliocha,  un joven inmaduro y veleidoso que ha tenido una infancia traumática y que, a su vez, se siente embelasado por Katia, una rica heredera de diecisiete años y tierno corazón.

Nelly, por su parte, en una pobre huérfana que guarda un secreto y que fue acogida por Vania cuando murió su madre. Su precario estado de salud llega a suscitar en el lector a lo largo de las páginas momentos verdaderamente duros.

Otros personajes de tintes melodramáticos completan el escenario: el misterioso anciano Smith y su perro Azor; Ikhméniev, intransigernte y puritano padre de Natasha; el venal y cínico príncipe Valkovsky; Masloboïev,  alcohólico amigo de infancia de Natasha…

Tal vez se pueda reprochar a la historia la alternancia entre una cierta lentitud y grandes escenas de efecto con diálogos muy intensos. Quizás conviene recordar que, mientras la escribía, su autor sufría con bastante asiduidad crisis epilépticas. La instrospección con la que se analizan los sentimientos y emociones de los personajes, la manera de analizarlos, disecarlos, más bien, es otro de los logros del autor y seguramente el germen de la novelas que acabaron consagrándolo en los anales de la literatura universal.

Cabe destacar también la firmeza y la bondad de los principales personajes ante la injusticia, la hipocresía y los abusos de las clases dominantes,  así como su extraordinaria decisión de aferrarse a  la familia, la amistad y la espiritualidad como valores cruciales para afrontar la vida. Y una escena final realmente conmovedora. Verdaderamente, Humillados y ofendidos no es un cuento de hadas pero su lectura merece la pena.

 

 

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