Ida Elisabeth, de Sigrid Undset

Por Pilar de Cecilia.

La producción narrativa de la escritora noruega Sigrid Undset (1882- 1949) premio Nobel 1928, se caracteriza por estar centrada en personajes femeninos, cuyas vidas aparecen lastradas por graves dificultades en su relación matrimonial.

Este es el caso de la novela, fechada en 1932, donde la joven Ida Elisabeth aparece como protagonista absoluta. Siendo adolescente se dejó enredar en una relación  con un amigo de siempre  que, una vez descubierta, causó gran escándalo en su familia y un fuerte sentimiento de culpa en ella misma. Separados inmediatamente,  se reencuentran años después y , esta vez  con la aprobación de los respectivos padres,  deciden casarse.  A los pocos meses el marido pierde el trabajo, debido a su escasa dedicación y no parece tener prisa en encontrar otro. Ida comprende entonces que se ha casado con el mismo adolescente inmaduro e irresponsable del que  creyó enamorarse en el pasado y con el que contrajo matrimonio, movida sobre todo por un deseo de rehabilitarse ante sí misma y ante los demás por el error cometido con su colaboración.

A pesar de saber que está casada con un hombre cobarde y charlatán no se permite echarlo de casa , basándose en lo que expresa un viejo axioma local: Con lo que firmas borracho tienes que apechugar cuando estás sobrio.

Una vez aceptada esta situación, se pone a trabajar intensamente para sacar adelante a sus dos hijos aunque siente vergüenza, por ser ella quien mantenga al marido, que, por su parte no muestra el menor reparo en que esto sea así. Además,  Ida Elisabeth siente “ una extraña y arraigada ternura” por  este vago inútil que la quiere de verdad, en la medida en que es capaz de querer y que adora a sus hijos, como pone de manifiesto AL MORIR la mayor, una niña que no sobrevive al ser atropellados los dos por un camión cuando viajaban en bici.

La situación se desestabiliza definitivamente cuando, embarazada otra vez, descubre que su marido tiene una amante a la que ha prometido matrimonio, previo divorcio de Ida Elisabeth. Ella lo echa de casa y se niega seguir manteniéndolo lo que alivia su situación económica y favorece su progreso profesional como modista, tarea para la que ha demostrado notables aptitudes .

Un cambio de lugar de residencia completa el inicio de una nueva etapa de su vida, donde ve crecer a su hijo mayor y cría al menor, nacido después de la separación del matrimonio. Sin embargo, la paz dura poco porque aparece en escena un abogado que se enamora de ella y le propone matrimonio. Todo en él le caracteriza  como el marido ideal: es serio, trabajador, tiene una familia honorable que acoge con cariño a Ida Elisabeth, está dispuesto a cuidar de sus hijos y no trata de convertirla en su amante antes de casarse.

Enamorada de verdad por primera vez, se siente feliz. Sin embargo, esa felicidad no basta para superar el rechazo que los niños sienten hacia el novio de su madre, cuyos regalos aceptan pero de quien no toleran interferencias en su educación.

El nudo de la acción se centra en que la protagonista hace frente a esta disyuntiva amor-deber, de acuerdo con su carácter firme y estricto en cierto sentido material pero débil y vacilante en el plano de los afectos.

La obra, donde pueden rastrease ciertas huellas autobiográficas, constituye un interesante estudio psicológico de un tipo de mujer cuyo perfil fue muy característico del siglo XX.

La progresiva incorporación femenina a las actividades profesionales remuneradas, al margen de las tareas domésticas, supuso un cambio importante en el planteamiento de la vida conyugal y en las causas de su ruptura. La autora que se casó a los treinta , en 1912, con un pintor de cierta fama, nueve años mayor, se divorció en 1919 y no se volvió a casar. Sin embargo, si se hizo cargo de los tres hijos habidos en ese tiempo, y de los tres que su marido tuvo en el matrimonio con su primera mujer.

Quizá parte de esa experiencia se refleja en esta interesante novela que pese a ser ya octogenaria, mantiene en su contenido una permanente actualidad por el inteligente tratamiento psicológico de la problemática encarnada en la protagonista que responde a constantes intemporales del alma humana.

Muy bien escrita y acertadamente traducida a un lenguaje actual, su lectura, además de interesante, resulta grata por la expresividad de la ambientación y por la belleza de las descripciones de lugares y paisajes. El sentimiento de la naturaleza, que sabe transmitir de manera muy efectiva, es una de las características  de la creatividad de la autora que más han contribuido a que su obra perdure a través del tiempo.

La sobriedad de recursos estéticos, cercana al naturalismo pero sin la rudeza que  a veces éste implica contribuye también a la persistente modernidad de una forma de narrar que no se apoya en recursos ceñidos a una tendencia concreta.

Poco conocida en España, salvo quizá por su novela más emblemática, titulada en español “ Cristina, hija de Lavrans “ su lectura puede contribuir al mejor conocimiento en la Europa del sur de las letras escandinavas sin tanto esfuerzo de atención como exige la novela histórica antes mencionada.

 

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