Jornadas Mundiales de la Juventud

Por Julio de la Vega-Hazas, Doctor en Teología. Asesor literario de TROA

Logo JMJ Cracovia 2016

 

«Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt. 5, 7)

Lema de la XXXI Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016

 

La creación de las jornadas mundiales de la juventud tiene el sello inconfundible de san Juan Pablo II, aunque la idea concreta naciera del que era Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, el cardenal argentino Eduardo Pironio. En Cracovia, el entonces obispo y después cardenal Wojtyła tenía una preocupación pastoral especial por los jóvenes, sobre todo los universitarios, siendo él mismo profesor de la Universidad Jaguelónica. En su primera cuaresma en Roma, convocó a los estudiantes en la Basílica de San Pedro para una Misa dirigida a ellos, que siguió celebrándose en los años sucesivos. Era el año 1979. En 1983 comenzó un año jubilar, y entre los distintos actos no podía faltar el jubileo para la juventud, que tuvo lugar el domingo de Ramos de 1984. Quizás para marcar diferencias con la ya habitual Misa romana, se le añadió el adjetivo internacional en la convocatoria para el jubileo de la juventud. Acudieron unos 300.000 jóvenes. Aquí fue donde el cardenal Pironio propuso la continuidad de esa jornada, aprovechando que el siguiente año, 1985, había sido declarado “Año Internacional de la Juventud” por la ONU. Volvió a ser el domingo de Ramos, y el número de asistentes, aunque ya no había jubileo que lucrar, aumentó hasta los 350.000.

 

A partir de aquí, comenzaron las Jornadas tal como las conocemos hoy. Cada dos años, y con la duración ampliada a tres días –con varias catequesis antes de los actos principales, el último día- se convocaba a los jóvenes en distintas ciudades del globo: Buenos Aires (1987), Santiago de Compostela (1989), Częstochowa (1991), Denver (1993), Manila (1995), París (1997), Roma (2000: se quiso que fueran en el año jubilar), Toronto (2002). Las dudas que pudiera haber sobre si Benedicto XVI continuaría con esta iniciativa, y si tendría la misma capacidad de convocatoria que su antecesor, se disiparon pronto: más de un millón de personas acudieron a Colonia en 2005. Ya cada tres años, siguieron: Sydney (2008) y Madrid (2011). La siguiente fue convocada en Rio de Janeiro en 2013 –se adelantó para no coincidir con el mundial de fútbol de Brasil-, y el Papa que las presidió fue ya Francisco. En el año actual Polonia vuelve a acoger las jornadas, esta vez en Cracovia.

La respuesta por parte de los jóvenes a las convocatorias ha sido bastante sorprendente. Incluso en un lugar como Sydney, en un país con solo seis millones de católicos y lejos de casi todo el resto del mundo, se llegó al millón de asistentes. Pero, a la vez, se podría objetar que los números sirven para entrar en los titulares de la prensa, pero no dan respuesta a la cuestión fundamental: ¿dejan estos días de festival católico huella duradera en los asistentes? ¿O son como una bengala, cuya brillante luz se disipa pronto?


Lo cierto es que no se puede responder a preguntas de este tipo viendo los acontecimientos desde lejos. Lo más importante no suele ser lo más llamativo; aquí, desde luego, no lo es. Ni siquiera, posiblemente, las conversiones más espectaculares, las que más llaman la atención y por eso corren por internet. Las ha habido y las habrá, qué duda cabe. Pero mucho más frecuentes son los testimonios más “normales”, que quizás no asombren tanto, pero que son por igual fruto de la gracia de Dios. Como el siguiente, de un chico de 19 años. “Éste fue el punto de partida: Perdí la ilusión hace un tiempo, y por eso he sido malo en los estudios y un desastre para todo. Cuando un día me dijeron que si iba a Madrid a la JMJ pensé: Bueno, si se puede, sí; y si no, no pasa nada. Comenzaron los preparativos y reconozco que actuaba como si la cosa no fuera conmigo. Y éste, el punto de salida: Yo siempre me he querido quedar en medio, sin pronunciarme ni identificarme como cristiano, y he descubierto que eso es lo que me ha destruido. Ya no solo no me avergüenzo de seguir a Cristo sino que quiero hacerlo de verdad.” Si unimos este tipo de relatos, por ejemplo, con el del sacerdote catalán que cuenta cómo se sentó a confesar y no paró hasta las cinco de la mañana, tras 20 horas, podemos llegar a la conclusión de que una gran cantidad de jóvenes ha pasado por algo parecido a lo ocurrido con el autor de las palabras que hemos recogido aquí.

A esto hay que añadir la huella que las jornadas han dejado en tantas personas que no participaron en ellas, sino que “pasaban por allí”. Desde el jefe de policía que casi no podía creer que con tantos cientos de miles de jóvenes reunidos los únicos incidentes registrados fueran unos cuantos desmayos por insolación, hasta quien se vio movido a reflexionar seriamente al ver el contraste entre unos jóvenes alegres y respetuosos –claramente fruto de su fe-, y otros que quizás no le dejaban dormir bien los fines de semana por el ruidoso botellón callejero que organizaban.

Asimismo, también hay que sumar algunos frutos que, en número, afectan a pocos en comparación con la gran multitud reunida, pero que revisten gran trascendencia, como son las vocaciones, sacerdotales y de otros tipos, que se despiertan en las jornadas, aunque la decisión definitiva llegue algo más tarde.

Todo esto es muy difícil, por no decir imposible, de cuantificar, de trasladar a estadísticas. Pero, obviamente, existe. De todas formas, insistamos una vez

Jornada Mundial de la Juventud

Así actúa la gracia de Dios, que tiene sus momentos, que no suelen coincidir con nuestras previsiones ni con nuestras prisas. Pero actúa. Unas palabras del libro de Isaías pueden venir al caso: “Como la lluvia y la nieve descienden de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra, la fecundan, la hacen germinar, y dan simiente al sembrador y pan a quien ha de comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío, sino que hará lo que Yo quiero y realizará la misión que le haya confiado”. De ahí que los sucesivos pontífices, como puede verse, no dudan en que vale la pena seguir con las Jornadas Mundiales de la Juventud, y el gran anuncio de Jesucristo que suponen. Quienes han estado en alguna, quienes las han vivido en primera persona, tampoco albergan dudas al respecto. más en el ya mencionado reparo: ¿no es cierto que para muchos, la mayoría quizás, acaba por ser algo efímero, un entusiasmo que se desvanece al poco tiempo? Se podría discutir, pero es más provechoso mirar los Evangelios y formular la misma pregunta. La predicación de Jesús de Nazaret encandiló a muchos, y le seguían multitudes. Sin embargo, el efecto no pareció durar mucho para la mayoría. Ante lo que resultaba difícil de aceptar –el discurso sobre la Eucaristía en la sinagoga de Cafarnaúm-, muchos dejaron de seguirle, y en el momento más duro –la Cruz- le dejaron solo. Y sin embargo, a partir de Pentecostés se pudo comprobar que la siembra divina no había caído en saco roto, y se tradujo en una multitud de conversiones, esta vez duraderas.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...
Etiquetas:

Dejar una respuesta

Please note: comment moderation is enabled and may delay your comment. There is no need to resubmit your comment.


7 + = 15