La belleza y el dolor de la batalla, de Peter Englund

Por Ángel Rodríguez

Que en 2014 se esté conmemorando el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial ha llevado a los escaparates de las librerías una larga lista de títulos que desmenuzan la historia de un conflicto bélico que cambio, quizá como ningún otro, el mapa y el rumbo del mundo.

De la inmejorable selección de dieciocho libros sobre la Gran Guerra incluidos en el número de verano de la Selección Literaria de Troa, vale la pena detenerse  en “La belleza y el dolor de la batalla”, de Peter Englund (Roca Editorial, 2012), una obra soberbia, imprescindible para entender más allá de la historia formal y académica, lo que supuso aquella guerra.

Probablemente muchos otros de los libros publicados sobre la Gran Guerra explicarán mejor sus antecedentes, sus causas inmediatas, el detalle de su desarrollo y sus consecuencias geopolíticas, económicas y sociales. Pero ninguno como “La belleza y el dolor de la batalla” será capaz de hacernos comprender qué sintieron aquellos a los que la guerra absorbió para, en el mejor de los casos, sacudir y cambiar sus vidas.

El sueco Peter Englund, doctor en Historia, autor de numerosas obras siempre centradas en su especialidad, es miembro de la Academia Sueca desde 2002 y su secretario perpetuo desde 2009. Ha trabajado con muy variadas fuentes para componer un libro escrito, en realidad, por los que estuvieron allí.

Fragmentos de diarios, de epistolarios, de relatos y memorias, y fotografías de veinte personas que vivieron aquella guerra “en directo”, son la materia que Englund selecciona, extracta y contrapone para construir un relato coral de los casi cinco años de contienda.

Esos “veinte autores” vivieron la guerra desde distintos lugares y, en muchas ocasiones, su visión de un mismo acontecimiento se nos ofrece desde posiciones opuestas, desde los dos lados de una trinchera, enfrentadas en un mismo escenario en la batalla o en la retaguardia, pero tremendamente cercanas en aquello verdaderamente humano que la guerra no destroza y quizá subraya.

Los testimonios que el talento de Englund selecciona para ofrecérselos al lector, están llenos de la sencillez y la intensidad de los que cuentan sus historias sin saber que están viviendo y haciendo la Historia.

El miedo, la alegría, la preocupación por lo nimio, la esperanza y su ausencia, la fe y la decepción, a veces la ingenuidad o el candor, fluyen por las páginas del libro y componen un mosaico de sentimientos y creencias profundamente humanos y por tanto comunes a todos.

Englund, como un nuevo diablo cojuelo, levanta los tejados de las casas de los que vivieron la guerra para llevar sus testimonios de la irracionalidad de la guerra y elevarlos hacia todo lo que les une por encima de ella.

La historia de la Gran Guerra que compone Englund es, sobre todo, la de la vida dentro de la guerra, contada a partir de lo que vivieron oficiales, soldados, marinos, pilotos, cirujanos, enfermeras e ingenieros de los ejércitos contendientes, pero también civiles en la retaguardia e incluso una niña de doce años.

En las páginas del libro “escriben” alemanes, británicos, austro-húngaros, daneses, australianos, rusos, franceses, turcos, italianos, neozelandeses, estadounidenses y serbios, y un venezolano.

El libro se estructura en torno a los cinco años naturales en los que se desarrolló  conflicto, y cada uno de ellos se abre con una cronología que recoge los acontecimientos políticos y bélicos que fueron definiendo el devenir de la guerra y sitúa al lector ante la historia, escrita en primera persona, a la que se enfrenta.

Fotografías y gráficos completan el volumen, junto con amplísimo y atinado bloque de notas en las que Englund explica, precisa y aclara cuestiones imprescindibles para seguir el relato de la guerra contado por  los que estuvieron allí.

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