La familia Gyurkovics, de Ferenc Herczeg

 

 

Las décadas de aislamiento entre la Europa Occidental y la Oriental secuestrada por el comunismo soviético tras el Telón de Acero durante la segunda mitad del siglo XX,  explica el motivo por el cual, a comienzos del  XXI países como Hungría resulten en España casi desconocidos, más allá de su perspectiva de destino turístico.

Por ese motivo, se manifiesta especialmente oportuna la reedición de novelas que reflejen la intrahistoria del pasado de esas naciones, sobre el cual ningún plan de estudios español ofrece, al menos hoy por hoy, ninguna información.

 

 

 

Por Pilar de Cecilia

Novelas como “La Familia Gyurkovics” trasladan al lector a la Hungría que formaba parte, no sin claras reticencias, del Imperio Austrohúngaro, regido por el emperador Franz Josef  desde 1848.

El autor, Ferenc Herzeczeg, nació en 1863 en una pequeña ciudad húngara que actualmente pertenece a Serbia, como el menor de los tres hijos del alcalde de la localidad.  Su padre, de origen alemán,  nunca aprendió la lengua húngara, lo que no fue obstáculo para que,  escribiera precisamente en ese idioma y aunque criado en un ambiente pro germánico, fuera uno de los fundadores del nacionalismo magiar.

Licenciado en Derecho, se dedicó, desde muy joven, al periodismo y a la literatura siguiendo en esta la corriente naturalista dominante en esa época en toda Europa. Su primera novela, aparecida en 1890, fue un éxito pero la verdadera popularidad comenzó para él cuando dio a conocer a su público las singulares aventuras de los Gyurkovics.

Escritor de y para la burguesía, Herczeg publicó en 1893 una novela corta titulada “Las Hermanas Gyurkovics”  y tres años después otra, bastante más extensa, “Los chicos Gyurkovics” que completaba a la anterior.

Unidas las dos, bajo un título único, el que en esta edición figura, la obra constituye un  retrato de la alta burguesía finisecular de su patria, escrito en términos naturalistas, con una notoria intención de crítica de costumbres, muy matizada por abundantes y efectivos rasgos de humor.

Las sietes jóvenes y bellas hijas de la viuda Gyurkovics, señora de recursos económicos más limitados de lo que pretende aparentar, protagonizan, cada una de ellas, un capítulo del relato de su aparición en sociedad. La falta de medios  las ha convertido en buenas amas de casa, ya que no disponen de tienen suficiente servicio para desentenderse de las labores domésticas, si bien la atenta y constante vigilancia de su madre las ha inculcado modales de auténticas damas y enseñado  a vestirse como tales. La obra narra el modo en que, con este bagaje y con una dote bastante escasa, cada una de ellas se acerca a la edad adulta y a dedicarse a  la ineludible tarea de buscar marido.

El autor se muestra hábil en la caracterización psicológica de cada una de las protagonistas, todas ellas parecidas en apariencia pero distintas en el fondo.  Discrepancias que se reflejan no solo en la forma de abordar el matrimonio, sino también a la hora de de elegir el tipo de hombre del que enamorarse. En lo único que todas coinciden es en dar una idéntica respuesta a todo pretendiente que se les acerque con expresas intenciones matrimoniales:

“Hable usted con mamá”

Resulta sutil, ingeniosa y divertida la manera en que se ponen de manifiesto estas diferencias, hasta el pintoresco extremo de que una de la hermanas se convierte en madrastra del marido de otra y por tanto en suegra de ésta. Como caballero acompañante de todas, hasta su boda, actúa un joven pariente soltero y decidido a seguir siéndolo, aunque el lector tenga motivos para sospechar de la firmeza de este propósito, debido a estar siempre rodeado de tantas primas encantadoras.

Después de dejarlas felizmente casadas, el lector se encuentra en la segunda parte de la historia, con cinco jóvenes alegres, bebedores, cazadores y jugadores consumados, cuyo rasgo común más destacado es la escasa inclinación al estudio. La prematura muerte del padre les libera de toda obligación intelectual y permite que se entreguen a sus diversiones favoritas,  mientras buscan cierta orientación profesional en el ejército, la política, la administración estatal o la atención a las modestas posesiones agrícolas de la familia.

Por medio de estos cinco coprotagonistas, sus hermanas y los maridos de éstas, el autor traza un cuadro amplio y detallado  de costumbres y modos de pensar  de un entorno social que hoy resulta muy lejano, incluso se diría que poco verosímil, casi incomprensible para quien en este momento tienen edades parecidas a las que se atribuye en la obra a los personajes. Sin embargo, estos son reales y están dotados de identidad propia,  de un modo similar a  la que poseen los de autores españoles contemporáneos de Herczeg, como el también naturalista Benito Pérez Galdós, con quien en este mismo  sentido lo compara el redactor del interesante prólogo que acompaña a esta edición.

Resalta, entre todos los miembros masculinos  de especial interés la figura del diputado Milano Gyurkovics, cuya actividad política a favor del nacionalismo húngaro,  además de representar probablemente el pensamiento del propio Herczeg, tiene notable significación histórica, vista desde una perspectiva ya más que centenaria.

Los demás hermanos, cumplen de modo más exclusivo el propósito de divertir al lector con sus disparatadas aventuras,  próximas al absurdo, de borracheras, duelos,  amoríos  y continuas faltas de dinero que solucionan empeñado la ropa, dando sablazos a los amigos o, con menos frecuencia, gracias a una racha de suerte en el juego.   Tras esta serie de insensateces quizá se insinúe que tampoco les quedan muchas otras cosas que hacer, dada la situación de pasividad y lenta decadencia en la que el Imperio se encontraba.

Tras la lectura de esta refrescante novela, recomendable para el descanso veraniego, divertida pero no intrascendente y bien escrita, sin alardes estilísticos  ni de técnica, se encuentra la persona de un escritor cuya candidatura se promovió para el premio Nobel y cuya popularidad sólo decayó después de la Segunda Guerra Mundial(1939-1945) con el acceso al  poder de los comunistas.

Nacionalista, conservador y católico, al final de su vida Herczeg reunía todos los requisitos  para que en la República Popular en que se había convertido Hungría gracias al comunismo, su destino inmediato fuera el Gulag.  Allí fue deportado en 1950, donde permaneció hasta que, a la muerte de Stalin en 1953, algunos campos, no todos, fueron cerrados. Una vez liberado, falleció poco después, a comienzos de 1954.

Para el recuerdo queda el testimonio de su narrativa amable, cordial, divertida e impregnada de amor a su patria y de benevolencia hacia los errores y fallos de los seres humanos. Sin dejar de describirlos y analizarlos con realismo, no deja por eso de restar dimensión trágica a los pequeños grandes dramas de sus vidas cotidianas, con una visión esperanzadora de la existencia.

“Los hermanos Gyurkovics tienen el mismo mérito que Bismarck atribuía al pueblo alemán: No hay Más que ponerlos en una silla; que ir en el caballo ya saben por sí mismos”

Estas frases, con las que finaliza la novela, no sólo sirven para definir a sus protagonistas. También podrían aplicarse al autor, si en lugar de sillas y caballos se tratase de papel y pluma o, más en el presente, de ordenador e impresora.

 


 

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Comentarios en la web

  1. Sara dice:
    ¡Qué decepción! Muy aburrida. Las hijas nacen para casarse y los hijos para correrse juergas y emborracharse.

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