La memoria del agua, de Emmi Itäranta

Por Encarna Herraiz

En un mundo futuro en el que el cambio climático ha provocado el deshielo de los Polos y la mayor parte de los continentes están bajo las aguas del mar, la escasez de agua dulce se presenta como el bien más preciado. Los militares serán los encargados de vigilar y controlar su consumo con una estricta política del agua reprimiendo brutalmente cualquier tipo de ilegalidad. El resto de la población quedará a merced de las terribles sequías, las picaduras de los insectos, la tiranía no exenta de corrupción del ejército, y el reciclaje de los plásticos abandonados por los pobladores de los tiempos pretéritos para poder sobrevivir.

En este ambiente inhóspito de un mundo futuro, resto de la antigua Escandinavia, Noria Kaitio se desenvuelve en un entorno familiar diferente. Su padre, maestro del té y heredero de una tradición ancestral, le enseñará  a crear serenidad y  belleza a través del ceremonial que rodea su elaboración.

Pero no son solo las virtudes necesarias para convertirse en una maestra del té lo que su padre le trasmite.  La ubicación de un manantial de agua dulce oculto en las colinas que le permitirá elaborar la bebida más deliciosa será el terrible secreto que Noria deberá guardar.

De todos los silencios que había afrontado, ese era el más grave e inevitable: no el silencio de los secretos, sino el del conocimiento”. Pronto se da cuenta Noria que el conocimiento es poder y que “una vez que se quiebra el espacio de silencio en torno a un secreto, ya no se puede reconstruir”.

La triste herencia pone a Noria en la difícil situación de elegir entre seguir la monótona estela de su padre siendo fiel a la continuidad iniciada con sus antepasados de los tiempos pretéritos, o la utilización de un agua que le llegue a pedir la vida en favor de los demás.

Inquieta por naturaleza deseará saber. ¿Será posible que sea ese el único manantial de agua dulce? ¿Deberán conformarse con el agua desalada del mar, insalubre y escasa, que les proporciona el ejército? El conformismo de la población le lleva a pensar que “la gente se aferra a aquello a lo que está acostumbrada, tanto tiempo como pueda. Es la única manera de sobrevivir”. ¿Pero es que solo se puede sobrevivir? ¿No sería posible vivir? ¿No habrá un límite que poder pasar que abra una puerta a la esperanza?

Con imágenes futuristas, y con una gran carga de imaginación, la autora ha sabido crear entornos nuevos perfectamente creíbles. Con un lenguaje lírico logra hermosear lo que de otra manera hubiese resultado feo. Poniendo a los personajes en un nivel puramente natural, sin apenas reflejar sentimientos o trascendencia del ser, muy al estilo de la cultura nórdica, la autora consigue sin embargo crear momentos conmovedores.

Noria será la encargada de hacer al lector partícipe de sus inquietudes  con la misma serenidad que el constante fluir del agua. Sin necesidad de  expresiones demasiado emotivas consigue que la protagonista le adentre en su intimidad más profunda y con ella tender la mano hacia un atisbo de esperanza.

 

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