Luis Solano, editor de Asteroide, pasión por los libros de calidad

Por Adolfo López

Luis Solano (Santiago de Compostela, 1972) es un referente de la edición literaria independiente en nuestro país y ha conseguido, al frente de Libros del Asteroide, algo al alcance de muy pocos: en menos de nueve años ha configurado un catálogo coherente y de alta calidad, el reconocimiento de crítica y público y ha desarrollado, junto a varias editoriales, el exitoso grupo Contexto, una iniciativa que les valió el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial en 2008. Hoy tenemos el privilegio de poder charlar de su proyecto y del actual mundo editorial y librero.

 

Libros del Asteroide es, sin duda, una de las editoriales más asentadas y reconocibles del panorama independiente español. ¿Cómo has vivido estos años, se sigue teniendo la misma pasión libresca desde aquel arranque, allá por 2005?

 

La pasión sigue intacta: el descubrir un buen libro o ver cómo lo que publicamos encuentra lectores nos sigue emocionando tanto como al principio. La posición que tenemos ahora nos lleva a exigirnos más, nos hace ser más conscientes de la necesidad de ser excelentes en todo lo que hacemos.

 

¿Qué criterios hacen de un libro un Asteroide, cómo llegan a vuestro magnífico catálogo?

 

Por un lado, que sea un libro de calidad literaria incontestable; es decir, un libro capaz de contentar a los lectores más exigentes, pero por otro lado, que sean libros para muchos lectores, que pese a su calidad sean libros que puedan ser leídos por decenas de miles de lectores. Estoy convencido de que los libros buenos son para muchos tipos de públicos, no solo para una excelsa minoría. Suelo decir que son los libros que yo quiero recomendar a mis amigos, gente que lee menos que yo, pero que necesita alguien que les guíe, por tanto los libros tienen que ser buenos (entretenidos, conmovedores y que enriquezcan nuestra visión del mundo) y tienen que ser variados (ya sea por la lengua en la que estuvieron escritos, la temática, la ambientación, etc.).

 

Catálogo variado en estilos y países de origen, pero ¿cuáles son los libros que recuerdas con más cariño, los que te han aportado mayores alegrías como editor?

 

Todos los libros del catálogo son importantes, todos me entusiasman. Los dos que más alegrías me han dado, sobre todo porque las dieron al principio cuando más falta hacía son El quinto en discordia de Robertson Davies y El maestro Juan Martínez que estaba allí de Manuel Chaves Nogales.

 

¿Qué libros o autores te hubiese gustado editar, y cuáles los fetiches en cartera con los que te gustaría completar tu colección de joyas literarias en un futuro?

 

Me hubiera encantado editar Léxico familiar de Natalia Ginzburg o Regreso a la tierra de Jim Harrison, autores que creo merecerían muchos más lectores de los que han tenido hasta ahora. El año que viene publicaremos dos autores estadounidenses relativamente jóvenes que están llamados a ser de los mejores de su generación: Gary Shteyngart y Nickolas Butler.

 

Asteroide está más volcado en la recuperación de grandes obras internacionales, pero ¿qué piensas del panorama narrativo nacional? ¿Y del internacional? ¿Botella medio llena o media vacía? Porque muchos hablan de atonía, de falta de intelectuales de talla o grandes narradores de nuestro tiempo.

 

Creo que hoy, igual que siempre, se escriben y publican libros buenos, malos y regulares. Lo que sucede es que de lo que más se habla, y por tanto lo que más se vende, no es necesariamente lo mejor. El que los mejores libros no sean los que lleguen con más fuerza al lector creo que es lo que hace que tengamos la percepción de que los libros ya no son lo que eran.

 

Y la crisis, esa que siempre fue compañera de este sector, y que ahora muestra fieros los dientes, con caídas y cierres, compras y fusiones de grandes grupos ¿Cómo lo vives como editor independiente?

Lo que más me preocupa es la crisis de tiempo de lectura. Creo que la hiperconexión y la multiplicidad de formas de acceso a la red resta tiempo y capacidad de atención, y que la lectura se resiente por ello.

 

La otra crisis, la que provoca estas megafusiones y esta uniformidad en el mercado, me preocupa menos. Me preocupa mucho como ciudadano, pero como editor menos: yo pienso que una editorial como la nuestra la puede capear mejor, porque realmente nosotros hacemos libros que se leen, es decir, libros para lectores para quienes la lectura es un hábito, no hacemos libros para lectores ocasionales, que es el tipo de lector que está desapareciendo con la crisis.

 

Y las librerías, el eslabón que más combate por seguir cumpliendo con su labor social y cultural. Tantas palabras: reconversiones, modernidad desde los viejos valores y lo humano, los acuerdos transversales, nuevos espacios… ¿Seremos leyendas en lo digital o hay recorrido a largo plazo, cómo ves las librerías del futuro?

 

Yo creo que, si sabemos cuidarlas manteniendo las medidas legales y administrativas que reconozcan su labor fundamental en la difusión de la cultura, tienen todo el futuro del mundo. Y este futuro pasa seguramente por consolidar o incrementar su labor prescriptora, es decir, por conseguir que los clientes repitan, que vuelvan a la librería porque saben que es el lugar en donde les ayudarán a descubrir los mejores libros. Yo viajo bastante por España y me alegra ver que el tejido librero se renueva y que los librerías que van surgiendo son muchas veces mejores que algunas librerías que lamentablemente han tenido que cerrar.

 

Y para terminar, un canto a los libros, a la lectura: ¿cómo animaría Luis Solano a alguien a valorar la importancia de los libros, de todo este mundo mágico de bellas letras, artesanía, historias, sentimientos, conocimientos?

 

Yo animaría a todo aquel que se haya sentido alguna vez en su vida transportado y conmovido por la lectura, pero que después lo haya dejado porque no ha vuelto a encontrar ese placer que hace de la lectura algo tan especial, a que volviese a una librería y se dejase aconsejar por un buen librero, que ya verá como vuelve a engancharse. Le diría además que el problema no es que no le guste leer, el problema es que no le gusta leer libros malos.

 

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