Matar a Prim, de Francisco Pérez Abellán

 

 

 

En el presente año 2014 se cumplirá el segundo centenario del nacimiento del general Juan Prim y Prats, en la localidad tarraconense de Reus el 12 de diciembre de 1814.

Su muerte, ocurrida el 30 de diciembre de 1870 –tras un atentado perpetrado tres días antes-  se convirtió en uno de los acontecimientos más decisivos de la historia de España del s. XIX  cuando, expulsada del trono Isabel II, el país aguardaba la inminente llegada del nuevo monarca, el italiano Amadeo de Saboya, para su preceptiva investidura por Las Cortes.

 

Por Rafael Gómez

En esos momentos, un Consejo de Regencia dirigido por el general Serrano gobernaba provisionalmente un Estado en el que Prim, además de presidir el Consejo de Ministros, ocupaba la cartera de Ministro de Guerra. La armonía entre los miembros del triunvirato que integraban dicho Consejo, los generales Serrano y Prim junto al almirante Topete, era más aparente que real. Las discrepancias entre unos y otros quedaron al descubierto al imponerse el criterio de Prim,  partidario decidido de la dinastía de los Saboya, a la que considerada más abierta y progresista que la representada por los Borbones.

Así, mientras Serrano aspiraba a mantener su primacía como Regente en funciones, el almirante Topete no ocultaba sus preferencias en favor del duque de Orleans. Sin olvidar a los sectores revolucionarios defensores de un régimen republicano, frustrados al comprobar las intenciones monárquicas de Prim.

El 27 de diciembre de 1870,  todo estaba preparado en España para la inminente llegada de Amadeo I. El general Prim, de 56 años había pasado la tarde en el Parlamento. Se despidió de diputados y ministros y se dirigió a su coche. Eran alrededor de las 19:30 y caía una espesa nevada. La berlina emprendió la ruta habitual, por la madrileña calle del Turco (hoy Marqués de Cubas), hacia el Ministerio de la Guerra. Durante el trayecto, se produjo el atentado.

Según la versión oficial, trasmitida a la opinión pública y  recogida en los medios de prensa, tras el atentado, el  general, gravemente herido, fue trasladado a su domicilio (Palacio de Buenavista –Ministerio de la Guerra) y atendido por los médicos que intentaron salvar su vida. Recibió la visita y el consuelo de sus  colegas del gobierno, con los que mantuvo animadas conversaciones. Además, les ofreció razonadas reflexiones y atinados consejos durante los tres días que permaneció en el lecho de muerte. Su candidato, Amadeo de Saboya  fue recibido con los respetos debidos a su alto rango y llevado ante la presencia del cadáver, expuesto en la capilla ardiente de la madrileña basílica de Atocha. Aquellos momentos solemnes quedaron  recogido por el artista Antonio Gisbert en el cuadro que se conserva en la Biblioteca Nacional.

Posteriormente, los restos del general Prim serían depositados en el Panteón de Hombres ilustres, donde permanecieron hasta el año 1971 en que fueron trasladados  Reus, su ciudad natal. Hasta aquí una breve síntesis de los hechos tal con fueron presentados ante el país.

Sin embargo,  transcurridos 144 años desde  aquellos dramáticos sucesos, el doctor Francisco Pérez Abellán como presidente de la Comisión Prim, entidad privada dedicada a esclarecer las circunstancias que rodearon el asesinato del general, expone  en este  libro  un trabajo  de investigación cuyas unas revolucionarias tesis desmienten, casi en su totalidad, las versiones facilitadas por las autoridades de la época, admitidas sin reservas por cronistas poco escrupulosos. No obstante, y en honor a la verdad,  nunca faltaron voces discrepantes de historiadores rebeldes que, pese a no disponer de datos suficientes, se negaron desde un principio a aceptar las explicaciones confusas, contradictorias y, en muchos casos irracionales, expuestas por las autoridades del momento.

El autor no deja lugar a dudas sobre el particular:

Como jefe de la investigación afirmo sin ninguna duda que hemos resuelto el asesinato de Prim, el caso fotográficamente más  documentado en lo científico de la historia, con el mejor testimonio de cómo  se cometió el crimen impreso para siempre en la momia de 142 años de antigüedad del  general. (Las investigaciones se llevaron a cabo en el año 2012).

No se limita el autor a expresar opiniones más o menos fundadas. Presenta con todo detalle los cuidadosos trabajos llevados a cabo por expertos en los diversos ámbitos de la medicina, criminología, la balística, la justicia y, cómo no, en el proceloso marco de la política, donde se fraguaron los planes para eliminar por la fuerza a un líder carismático y sagaz que contaba con el entusiasmo popular.

De los exámenes a que fue sometida la momia de Prim en los laboratorios del hospital universitario de Sant Joan de Reus, se deducen datos reveladores, tales como que los disparos dejaron a la víctima al borde de la muerte y, sobre todo, se perciben en su cuello marcas perceptibles a simple vista de que fue rematado por asfixia con una robusta soga o correa , que le ocasionó la muerte. En tal caso, perece evidente que no pudo sobrevivir tres al atentado y que son, por tanto falsas las frases que supuestamente dirigió a los visitantes, recopiladas por los mismos que se beneficiaron y, tal vez, fueron  los inductores del crimen.

Los datos incluidos en esta obra son demoledores, precisamente porque se basan en el resultado de investigaciones imparciales y documentadas de acuerdo con rigurosos  criterios científicos.

Se confirma que los autores materiales del atentado fueron pistoleros y matones a sueldo reclutados  en los bajos fondos no solo de Madrid sino también de otros lugares del país. La canallesca tropa estuvo, sin embargo, dirigida por el diputado radical republicano José Paúl y Angulo, furioso al comprobar que Prim se decantaba hacia la solución monárquica en la rama de los Saboya. Respecto a los inductores, como autores intelectuales del crimen se citan dos personalidades tan relevantes como el propio general Serrano, rival y enemigo de Prim y al Duque de Orleans Antonio de Montpensier, una de las fortunas más cuantiosas del país, que se postulaba como sucesor de la reina Isabel II el trono de España. Serrano se encargaría, al parecer, de  la estrategia de la conjura y Montpensier de  los cuantiosos gastos derivados de subvencionar la numerosa turba de pistoleros,  confidentes, ojeadores y matones que tomaron las calles próximas a la del Turco, donde se lanzó el mortífero ataque final.

La crónica documental que ofrece el doctor Pérez Abellán resume en los apartados finales una síntesis de los datos presentados a lo largo del libro.

Las conclusiones se refieren a las distintas materias abarcadas desde los aspectos criminológicos y médico-forenses a los  jurídicos y sumariales en los que se aportan elementos desconocidos hasta el momento, sobre todo teniendo en cuenta que, de modo sorprendente y en contra de toda razón, no se realizó la preceptiva autopsia al cadáver de Prim, como se acredita después de los exámenes médicos llevados a cabo en el hospital universitario de Reus.

En todo caso y al margen de las polémicas encendidas que ha suscitado el asesinato de Prim, parece evidente, a la vista de las pruebas aportadas y   actualmente disponibles, la necesidad de revisar a fondo y variar de modo sustancial las versiones oficiales que, en realidad, nunca llegaron a esclarecer las circunstancias de un acontecimiento que influyó decisivamente en el rumbo de los acontecimientos posteriores. Sin el apoyo de la clase política y del pueblo, no tardó en producirse la abdicación de don Amadeo de Saboya, seguida del fiasco de la Iª República (1873-74) y restauración borbónica en el hijo de Isabel II, Alfonso XII,  tras el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto (1875).

 


 

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...
Etiquetas: , , ,

Dejar una respuesta

Please note: comment moderation is enabled and may delay your comment. There is no need to resubmit your comment.


8 − 2 =