Ochenta días, de Matthew Goodman

Por Encarna Herráiz

 

El 14 de noviembre de 1889, la intrépida periodista de veinticinco años Nellie Bly, del periódico  estadounidense The World,  se propuso emular al famoso personaje de Julio Verne Phileas Fogg y dar la vuelta al mundo utilizando las líneas comerciales habituales en tan sólo setenta y cinco días, partiendo de Nueva York y dirigiéndose hacia el Este.

Despedida con entusiasmo y con tan solo una maleta de mano donde guardó lo indispensable, Bly partió a las nueve y media de la mañana de ese día en el famoso vapor Augusta Victoria, donde se desarrollaría la primera etapa del viaje. Viendo la revista The Cosmopolitam las ventajas económicas que podría suponer esta originalidad, decide que de inmediato su periodista Elizabeth Bisland, de veintiocho años, se disponga a realizar el mismo viaje pero en sentido contrario. Sin apenas tiempo para pensárselo,  Elizabeth saldrá esa misma tarde en tren hacia la costa oeste de Estados Unidos.

Sin conocerse y sin tener noticias la una de la otra, se cruzarán sin ellas saberlo la tercera semana de diciembre de 1889 en algún punto de China meridional. Ajenas a lo  que otros ven como una carrera entre dos mujeres, ellas tan solo considerarán como oponente el reloj, en una  época donde las distancias ya no se medían en kilómetros sino en tiempo  y el “telégrafo parecía haberlo hecho desaparecer por completo”.

Nelly Bly, sagaz, con un abierto rechazo a todo lo inglés, y ambiciosa periodista que no dejaría escapar una noticia que pudiera poner al descubierto cualquier injusticia social, no podría ser más diferente de Elizabeth Bisland que, por el contrario, se mostraba siempre educada y elegante. Descendiente de una poderosa familia sureña venida a menos tras el desastre de la guerra de Secesión superó con decisión toda adversidad, pero sin perder por ello las maneras de sus orígenes. Prefería la novela y  la poesía a los periódicos y era conocida por su intensa belleza.

La hazaña que apasionó al país, trajo cuantiosos beneficios a la prensa implicada y cambiaría la vida de las dos mujeres para siempre, influiría de forma muy positiva en los cambios sociales que se avecinaban. Conscientes de su feminidad, que ambas fomentaban con naturalidad, y de que su misión no era emular o suplantar al hombre sino demostrar la capacidad intelectual que les hacía merecedoras de iguales responsabilidades sociales, hacen un derroche de tenacidad, superación  y sentido del deber.

“El vicio siempre me ha parecido atrozmente  estúpido y aburrido y hay en el mundo tantos placeres exquisitos que no me imagino haciendo cosas malas cuando las inocentes son mucho más placenteras”, diría Elizabeth Bisland con una serenidad y un sentido común aplastante.

Aunque poco inclinadas a la religiosidad, ambas pudieron subscribir lo que diría la propia Nellie Bly: “La felicidad verdadera y la abnegación total se consiguen solo haciendo felices a los demás”.

Con esta novela Matthew Goodman conducirá a los lectores  a un apasionante viaje de la mano de las dos intrépidas mujeres de una forma amena y atractiva reflejando una época, un mundo y una sociedad de contrastes que invita a disfrutar de todo lo bueno que la vida puede ofrecer.

 

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...
Etiquetas: , , ,

Dejar una respuesta

Please note: comment moderation is enabled and may delay your comment. There is no need to resubmit your comment.


3 − = 2