ORGULLO Y PREJUICIO, UNA NOVELA ETERNA QUE CUMPLE DOS SIGLOS

-Desde su publicación, el 28 de enero de 1813, generaciones de lectores se han sentido cautivados  por “Orgullo y prejuicio”, aclamada novela de la escritora británica Jane Austen (1775-1817). La historia ha sido adaptada varias veces al cine, a la pequeña pantalla, al mundo del cómic y ha inspirado a afamados autores, como Ruyard Kiping o Donna Leon.

-Aprovechamos el bicentenario de su primera publicación para recomendar a todos los seguidores de SL esta novela de corte romántico, elegante, inteligente, divertida y sarcástica que ocupa un lugar de honor entre los clásicos de la literatura y que hoy día sigue estando en las listas de los libros más leídos.

UN RECONOCIMIENTO TARDÍO

Austen terminó la novela antes de cumplir los 20 años y la tituló “Primeras impresiones” pero no consiguió publicarla hasta casi dos décadas después, y lo hizo sin que ni siquiera figurara su nombre y bajo el nuevo título.

Tras su publicación, la obra no logró gran resonancia debido, quizás, a que la alta sociedad inglesa de aquella época no aceptaba de buen grado las mordaces y casi burlescas críticas sociales que se vierten en la novela. Pero poco a poco comenzó a ganar prestigio cuando escritores como Walter Scott (1771-1832)  y, más tardíamente,  G .K. Chesterton (1874-1936) la ensalzaron.

En concreto, el autor de Ivanhoe, tras una tercera lectura de “Orgullo y prejuicio”, destacó de Austen el “exquisito toque con el cual hace interesantes las cosas comunes y los personajes gracias a la veracidad de la descripción”. Por su parte, el genial Chesterton, al prologar una de las novelas de la escritora, afirmó: “No se inspiró para ser un genio, ni siquiera lo persiguió; simplemente era un genio (…) Con su propio talento artístico ella hizo interesante lo que miles de personas aparentemente iguales hubieran hecho aburrido”.

En 2003, ciento noventa años después  de la publicación de la novela, Orgullo y prejuicio se había convertido en el segundo libro favorito de los británicos, según una encuesta de la BBC.

Es posible que pocos autores hayan tardado tanto tiempo en lograr que madure su reputación  literaria pero, paso a paso, poco a poco, esa  discreta escritora  fallecida a los 41 años ha logrado conquistar el honorable puesto que se merece en el mundo de las letras. De manera que en la actualidad,  entre los críticos literarios más reputados, Orgullo y prejuicio rivaliza en calidad con Mansfield Park y nadie desdeña los otros cuatro títulos que Austen logró publicar en vida -Sentido y sensibilidad,  Emma, Lady Susan, La abadía de Northanger- o sus obras póstumas o incompletas.

CERTERO Y VIGENTE RETRATO DE LAS COSTUMBRES SOCIALES

“Qué importante es la primera frase de una novela”, afirmó el peruano Mario Vargas Llosa en una entrevista concedida mucho antes de ser galardonado con el Nobel de Literatura. Y en Orgullo y prejuicio, Austen acertó a retratar buena parte de las costumbres sociales de toda una época al iniciar la obra con la siguiente frase: “Es una verdad universalmente reconocida que a todo hombre soltero, poseedor de fortuna cuantiosa, le hace falta casarse“.

Tanto el primer título concebido para la novela –Falsas apariencias- como el que se ha perpetuado –Orgullo y prejuicio-,  así como la frase con la que comienza, parecen demostrar que la intención de la autora no era solamente hacernos disfrutar de una mera historia de amor sino también retratar desde diferentes perspectivas la sociedad en la que vivía –una clase rural media alta-, contagiándonos todos los problemas propios de la época.

Al igual que Charles Dickens (1812-1870) las novelas de Austen representan una crítica social; si bien el primero se centra en asuntos públicos (educación, mundo laboral, economía capitalista, etc.) mientras que Austen alude a aspectos de la vida privada (sentimientos, amor, matrimonio…).

La primera crítica se ve perfectamente plasmada en el personaje de la madre: una mujer simple pero impertinente preocupada exclusivamente en conseguir casar ventajosamente  a sus cuatro hijas. En contraposición está una de ellas, Elisabeth, una joven inteligente y crítica a quien le tiene sin cuidado cualquier impresión que pueda causar en el sexo opuesto o las altas esferas de su sociedad.  La detallada caracterización del conjunto de los variopintos personajes de la novela, en especial Fitzwilliam Darcy y Lizzy Bennet, completa el retrato y la crítica social.

Al igual que ocurre con tantas novelas que han pasado a la posteridad, si Orgullo y prejuicio sigue siendo leida por jovenes y adultos del siglo XXI es, posiblemente, porque el mensaje que transmite no ha caducado y es válido para el hombre y la mujer de hoy en día.

Y queremos aprovechar la ocasión para tratar de convencer a mucho hombres que consideran que la obra de Austen pertenece al género tierno-romántico, con el que asocian a las mujeres, para animarlos a iniciarse en la lectura de las novelas de esta autora. Si bien es cierto que sus historias de amor es lo primero que puede atraer la atención del lector, quien se limite sólo a ver ese detalle queda privado de un material mucho más enriquecedor, como la fina ironía y el minucioso estudio que hace de la naturaleza humana y de su ámbito social.

JANE AUSTEN, SU VIDA

Jane Austen nació la noche del 16 de diciembre de 1775 en la rectoría de Steventon, Hampshire, en el sur de Inglaterra. Era la séptima de los ocho hijos -la segunda y menor de las mujeres- que engendraron el clérigo anglicano y su esposa Cassandra.

Se sabe poco sobre la infancia de la autora, salvo que la educación que recibió corrió a cargo de su padre y que seguramente fue muy parecida a las de otras niñas de su época y estatus social.

En aquel tiempo, las mujeres por lo general eran básicamente educadas en casa; se les enseñaba a leer, escribir, coser, bordar, atender la casa, es decir se las preparaba para algún día hacerse cargo de su propio hogar y en algunos casos también adquirían otras habilidades como dibujar, cantar, tocar algún instrumento musical y aprender algún idioma extranjero (francés, italiano). Si los recursos de sus familias lo permitían, contrataban a una institutriz o las enviaban a algún internado para señoritas a fin de que terminasen de pulir su educación.

En el caso de nuestra autora, se sabe que aprendió francés gracias a la convivencia con una prima que acababa de enviudar de un conde galo. En esos años de adolescencia, la joven Jane comenzó a escribir, alentada seguramente por su padre, y algunas de esas obras juveniles, que datan de entre 1787 y 1793, se conservan en tres cuadernos y aparecieron publicadas a finales del siglo XX. Según uno de sus biógrafos, pese a su precocidad como escritora, nuestra autora  no mostró empeño en encontrar un editor.

No se sabe mucho de la vida de Jane Austen, salvo que discurrió sin grandes acontecimientos, sin nada que turbara la placidez de una existencia burguesa y provinciana sin más diversión que  acudir a bailes y fiestas en Hampshire y visitar de vez en cuando Londres.  Nunca llegó a contraer matrimonio aunque sí que tuvo uno o dos pretendientes.

Según se desprende de una carta escrita en 1976 a su hermana Cassandra, la joven Jane coqueteó con Tom Lefroy, un joven irlandés estudiante de leyes que pasó una temporada junto a la  familia Austen.

Me regañas tanto en la carta tan larga y agradable que acabo de recibir en este momento de tu parte, que casi me da miedo contarte cómo nos comportamos mi amigo irlandés (Tom Lefroy) y yo. Empieza a imaginarte todo lo más libertino y sorprendente en la manera de bailar y de sentarnos juntos. Sin embargo, solamente puedo ponerme en evidencia una vez más, ya que se va del país después del viernes próximo, día en el que tendremos finalmente un baile en Ashe. Puedo asegurarte que es un hombre bien educado, de buen aspecto y agradable…”

Jane abrigaba esperanzas de que el aspirante a abogado le propusiera matrimonio pero como el joven no contaba con el dinero suficiente para poder formalizar una relación, pronto fue despachado a Londres .Con el tiempo, Lefroy  se casó con una mujer rica y llegó a ser el principal magistrado legislativo de Irlanda. Décadas más tarde, al preguntársele al respecto, el juez Lefroy admitió que había sentido un amor de juventud por Jane.

En 1801, los Austen se trasladaron a Bath debido a la delicada salud del padre de familia. Aquello fue un terrible golpe para Jane, quien se sumió en una profunda depresión; perdió el hábito y el deseo de escribir y su actividad creadora se paralizó.

Un año más tarde, el 2 de diciembre, durante una estancia de vacaciones en Manydown, cerca de Steventon, Harris Bigg-wither, amigo de la familia y seis años menor que Jane, le propuso matrimonio. Aunque inicialmente aceptó, la joven rompió el compromiso tan solo 24 horas después.

El fallecimiento del reverendo George en 1805 dejó a su esposa e hijas sin sostén económico, lo que les obligó a mudarse a Chawton, un pueblo de Hampshire, El traslado de la familia a un hogar permanente dio a Jane la estabilidad que necesitaba y volvió con energía y ganas a su tarea de escritora. En Chawton fue donde escribió y corrigió sus seis novelas, empezando por revisar el manuscrito de Sentido y sensibilidad, que fue aceptada por un editor en 1811. La novela se publicó de forma anónima bajo el epígrafe: “By a lady”. Tuvo dos críticas favorables y Jane ganó 140 libras. Las siguientes novelas, Orgullo y prejuicio, Mansfield Park y Emma, también anónimas, se publicaron bajo la rúbrica: “De la autora de Sentido y sensibilidad”.

La plácida y fructífera vida en Chawton se interrumpió a primeros de 1817. La larga y penosa enfermedad de Jane la obligó a abandonar la escritura de Sanditon, que quedaría inacabada. Junto a Cassandra, se mudó a Winchester con la esperanza de hallar una cura para lo que los médicos entonces no pudieron diagnosticar. Sin embargo, nada se pudo hacer y la escritora fallecíó el 18 de julio en brazos de su querida hermana.

 

 

EL MISTERIO DE SU MUERTE

Durante el año anterior a su muerte, mientras vivía en su casa de Chawton (hoy es su museo), sus malestares fueron registrados en las cartas que envió a familiares y amigos. En septiembre de 1816, habló de su dolor de espalda en una carta enviada a su hermana Cassandra. En ella decía que había disminuido desde la última vez que se vieron. Nueve meses después de sus primeras dolencias, había dejado de escribir “cualquier cosa que no fuera absolutamente necesaria”. Sin embargo, mantuvo su lucidez: “Mi cabeza ha estado siempre clara; mis principales sufrimientos son las noches de fiebre, la debilidad y el letargo”. Así, los dolores iniciales de Jane -de espalda y rodilla- cambiaron por los gastrointestinales, la palidez, y los desvanecimientos constantes.

En abril de 1817, Austen escribió su testamento, en el que le dejaba casi todo lo que tenía a su hermana Cassandra. El 18 de julio de ese año, la escritora murió y el doctor que la atendió no dejó registro de diagnóstico. 

A partir de los años 60 del pasado siglo, médicos y fanáticos han intentado diagnosticar lo que mató a la autora inglesa de 41 años.  En 1964, El Dr. Zachary Cope diagnosticó a Austen  la enfermedad de Addison, basado en el hecho de que sufría de agotamiento, dolores reumáticos, ataques biliosos y decoloración de la piel. Sin embargo, en los últimos años se ha especulado con otras teorías.

Tras una cuidadosa lectura de de las cartas que Austen escribió en los últimos dos años de su vida, Katherine White, especialista en la enfermedad de Addison, sentenció en el año 2009 que la escritora no murió de esa enfermedad y que probablemente  lo hizo a causa de una  tuberculosis bovina, que podría haber contraído por beber leche no pasteurizada. También hay quien defiende que la muerte se debió a un linfoma.

Pero entre las teorías más llamativas destaca la formulada por la escritora británica de novelas policíacas Lindsay Ashford, quien, en una entrevista con el periódico ‘The Guardian” en 2011 aseguró que los síntomas descritos por la autora en una carta que escribió meses antes de morir a los 41 años, “no deja lugar a dudas”.

En sus cartas, Austen explicaba :”Me encuentro considerablemente mejor ahora y estoy recuperando mi aspecto un poco, que ha sido muy malo, blanco y negro y de todos los colores equivocados”. Tras leer esta frase, Ashford afirmó que enseguida se dio cuenta de que esos síntomas coincidían con los del envenenamiento con arsénico, que puede causar machas en la piel que van de marrón a negro mientras otras partes se vuelven blancas.

En su última novela, La misteriosa muerte de la señorita Austen, publicada en Gran Bretaña a finales de 2011, se contempla la posibilidad de que este envenenamiento no fuera casual sino intencionado. “A principios del siglo XIX muchas personas utilizaban el arsénico como arma en los asesinatos”, declaró. A pesar de esto Ashford comprende que no todos crean esta hipótesis y que incluso algunos, como Janet Todd -editora general de la edición de Cambridge de Jane Austen-, que considera “totalmente inverosímil esta opción”, “se sientan ultrajados por la idea”.

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