Un líder religioso de una iglesia o secta protestante, que atraía a un gran número de personas al templo, es asesinado en la iglesia de cristal de Kiruna (Suecia) y su cadáver ha sido horriblemente mutilado. Su hermana, sin marido y con dos hijas, descubre el cadáver en circunstancias extrañas, y no tiene madurez psíquica para saber qué ha ocurrido.
La novela dosifica sus gotas de tensión, de cadáver, de religiosidad, de corrupción, de sentimientos. Se alude a la homosexualidad y a la pederastia, pero no se describen ni se insiste en ello. La autora sí es explícita al relatar cómo el pastor dejó embarazada a la abogada en su adolescencia. El relato avanza lentamente y se fija en los sentimientos femeninos y en asuntos morales, como el interés en tapar graves hechos por un fin supuestamente bueno. La intensidad dramática y el ritmo mejoran a medida que la autora proporciona más datos acerca de la relación de la abogada con el pastor y con la acusada, pero podría ser aún más crítica y brillante.
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