Consideran los autores que el actual estilo de vida tiene potencialmente consecuencias catastróficas medioambientales, y que, a pesar de todos los esfuerzos, la deuda ecológica -por la emisión de gases que provocan un efecto invernadero- sigue creciendo. En cuanto a cómo conseguir una buena vida, afirman que está relacionada con la familia, la actitud ante la existencia, la situación económica, el trabajo, la comunidad y la amistad, la salud y el tener un gobierno que permita disfrutar de derechos y gozar de libertad. Denuncian la insolidaridad de los países más ricos con los pobres y reclaman una mejor distribución de los recursos materiales mundiales. En el campo económico, ante la crisis actual, de tal gravedad que conllevará consecuencias graves para el planeta, abogan por el ahorro, la inversión en energías renovables, la alimentación ecológica, la cooperación y el altruismo, mejorar las condiciones del mundo rural, desarrollar una arquitectura sostenible. Los autores aportan datos sobre los últimos avances tecnológicos para la producción de biocombustibles y los recientes acuerdos internacionales.
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