El libro está elaborado con una mezcla géneros: autobiografía, libro de viajes, recopilación de anécdotas. Los viajes transcurren por lugares míticos: Viena, el Orient Express, Marruecos, Sevilla, Estocolmo, etc.
Wiesenthal despliega una abrumadora biografía, una vasta cultura y un esnobismo cultivado y exhibido con vanidad. Se recrea en estos aspectos, a la par que expone anécdotas de snobs que entretienen, pues las enlaza con ritmo. Gusta de recordar los lujos de comienzos de siglo que hoy, con el desarrollo de la clase media, ya no se pueden dar. Se recrea en sucesos con actrices, aristócratas y gente adinerada. Mucho glamour y exhibicionismo que deslumbra y tiene calidad literaria, pero cuyo fondo, como él mismo anuncia, es un pura afectación, que no sabiduría ni verdadera elegancia. Parece que todo lo ha leído ya, que tiene un cansancio infinito por haber ido a todos los sitios donde hay que ir y haberse empapado de toda la cultura grecolatina y oriental, y haber tratado con todos los escritores, pintores, actores importantes. Por eso el tono autobiográfico parece una ficción rebuscada, pues resulta difícil haber vivido tantísimos sucesos con tanta gente famosa y en todos los lugares, buques, trenes y clubs prestigiosos y reconocidos como clásicos. Todo se cuenta con gran superficialidad, en un tono frívolo e irónico que empapa cualquier tipo de cuestiones, desde las más cotidianas a las más serias.
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