El protagonista va de vacaciones a Italia con su novia, de la que está cansado, y finalmente la deja. Conoce a una norteamericana y embarca con ella en su yate. Se trata de una viuda rica que va buscando a su antiguo amor: el marinero de Gibraltar, un ex-legionario a quien persigue la policía porque asesinó a un hombre.
El relato, imprevisible en su desarrollo, avanza contado por el protagonista, a quien el lector va acompañando en su falta de proyecto, en su cansancio, en su ansia de una libertad ignorada, en su dejarse llevar por la búsqueda insólita, o por la excusa, de la norteamericana. La liberalidad total que abandona cualquier convención, la improvisación, la soledad, la imagen del barco errante y lujoso, con una mujer que invita a casi cualquier hombre que la desee a su barco, es imagen de una idea de libertad en la que no hay más norma que el deseo y el sentimiento presente. La voz de la mujer y sus diálogos con el protagonista cuentan muchas historias jugosas de amores truncados y de odios. Ella se enamoró del marinero y le busca, pero se entretiene con otros hombres; se casó con un rico, pero siguió amando al marinero, que abominaba de su riqueza y vivía al día. Muchos símbolos sobre el amor, la soledad, la búsqueda de un imposible y otros temas humanos y literarios, contados con un estilo muy personal, depurado y expresivo, donde importan tanto las palabras como los silencios.
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