Sobre el telón de fondo de la crisis, el autor expone una serie de argumentos destinados a elevar el ánimo decaído de una gran masa de ciudadanos que se muestran pesimistas ante el futuro. Considera que la pérdida de bienes materiales es una excelente ocasión para fomentar virtudes humanas, tales como la sobriedad en el uso de bienes superfluos, la solidaridad y ayuda generosa a los necesitados, los deseos de superación y el ejercicio de la humildad al comprobar las propias limitaciones.
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