Isabella, la más pequeña de las tres hijas de un rey, recibe, al igual que sus hermanas mayores, una educación de auténtica princesa. Sin embargo, no es feliz con armarios llenos de vestidos, multitud de criados y doncellas para atenderla y una corona de oro sobre su cabeza. Cuando afirma a gritos que está harta de esa vida, su padre la manda, como castigo, a la cocina a lavar cacerolas y pelar patatas y cebollas. Al ver que está muy contenta con su nueva ocupación y sigue sin querer ser princesa, ordena que la lleven a la pocilga a dar de comer a los cerdos lo que también le resulta muy interesante. Al final llega a un acuerdo con su padre y vuelve a palacio pero nunca más se puso vestidos de corte ni dejó que le rizaran el pelo. La obra, cuenta una historia divertida, bien escrita con un mensaje de fondo bien elaborado, referido al diálogo y a la comprensión que exige por ambas partes la relación entre padres e hijos para que ésta rinda auténticos frutos educativos. Las ilustraciones son de muy buena calidad, dentro de su carácter cómico.
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