Novela ambientada en Inglaterra, supuestamente situada bajo el dominio oriental, en la hipótesis de que Turquía ha ganado la guerra. Dirige el país un predicador que ha impuesto la ley seca y el vegetarianismo, con la particularidad de que sólo se prohíbe la venta de alcohol en las tabernas que no tengan un letrero indicador. Un capitán irlandés y un tabernero inglés se rebelan ante esta disposición y rescatan un barril de ron, un queso y un letrero portátil, con los que recorren Inglaterra.
Con su estilo inconfundible el autor construye una novela divertidísima cuyos elementos son el recurso constante a la paradoja, el cultivo de un humor inteligente y una fina sátira. La acción es abundante y da lugar a situaciones hilarantes, todas condimentadas con acertadas e incisivas reflexiones. Hay parábolas y metáforas ingeniosas, de gran riqueza descriptiva. El retrato psicológico de los protagonistas y del resto de los personajes resulta magistral. Con simpatía, el autor hace una crítica del puritanismo democrático. El relato va cambiando de escenario constantemente y tiene un propósito claro: profundizar en una justa antropología, destacar la sociabilidad del hombre, la amistad, el buen humor y la diversión, así como denunciar la superficialidad y la incoherencia de algunas leyes. El libro resulta actual por su apelación al sentido común.
Esta no me gustó nada. Deberían recomendar las del padre Brown, que son sensacionales.
No tan estupendo q me ha costado leerlo bastante aunq al final me ha gustado.
No había leido nada de este autor, ni siquiera me sonaba pero gracias a este blog lo he leido.
Mi recomendación: ES ESTUPENDOOOOOOOOOO
A mí si me gustó e hombre que fue jueves. Era mi primera aproximación a ese autor y me encontré con una narración vibrante, con un trasfondo político-sociológico importante y con ganas de usarlo y de hacernos pensar. Luego leí El hombre que sabía demasiado y también me gustó.
Prometo leerme La taberna errante, tiene buena pinta
Feliz Año a todos los participantes de este blog
Chesterton es un escritor de primerísima fila. Recomiendo todas sus obras.
Felicidades por el blog que lo he encontrado de casualidad a peasr de que siempre leo su revista.
Aprovecho para felicitarles la Navidad y desearles un próspero 2010 y que sigan abriendo nuevas librerías
La verdad es que uno leyendo este libro se ríe a mandíbula batiente.
Chesterton debería ser un best seller
Demasiado surrealista para mi gusto aunque es verdad que de puro tonto me he reido con ella y la he disfrutado. Pero no es mi estilo
De todos es sabido que Chesterton, amén de polemista, provocador y socarrón, tenía un sentido del humor que aunaba la socarronería y el ingenio. Como buen inglés, sus comentarios, artículos o libros están plagados de una ironía finísima (y a veces no tanto) que apunta contra todo aquello que desafía el buen gusto y el sentido común.
Todo esto se halla en “La taberna errante”, y aun más. Y es curioso que después de casi cien años desde su publicación, lo increíble es que una historia tan descabellada se aproxime a la realidad de una forma tan inquietante. Chesterton nos ofrece una sátira refinada sobre una Inglaterra que decide abolir las tabernas después de que un ilustre representante parlamentario consiga convencer al grueso de la nación de la importancia y preponderancia de la fe islámica; puesto que las bebidas alcohólicas quedan restringidas, sólo se podrá servir licor en aquellos establecimientos que tengan un cartel señalizador.
Este curioso punto de partida sirve a Chesterton para poner en la picota el conservadurismo moral que legisla sin tener en cuenta, no ya las opiniones de unos u otros, sino el más mínimo sentido común; y no sólo la intransigencia política, sino toda aquella conducta social que trata de impedir que el hombre tenga la libertad de socializar. Por eso el autor escoge como símbolo de su alegato la taberna: lugar de encuentro por excelencia, hogar de innumerables francachelas y punto de reunión ancestral, donde se han urdido intrigas, desatado revoluciones y tramado revueltas. Patrick Dalroy y Humphrey Pump, los dos protagonistas itinerantes de esta historia, llevan por media Inglaterra su letrero tabernario, aglutinando a su alrededor a todo tipo de personajes extraños. Sin embargo, lo esencial es que estos dos bebedores ambulantes consiguen vencer la oposición inicial gracias no sólo a su empeño tenaz, sino al humor y a la concordia de los que hacen gala. Reuniendo en torno a sí a los hombres comunes, a aquellos que viven en paz respetando al resto de personas, estos dos parlanchines lograrán mostrar a la nación la falsedad de los presupuestos políticos que condenan el alcohol.
Chesterton, por boca, sobre todo, de Dalroy, lanza innumerables diatribas contra todo tipo de costumbres y normas; valga como ejemplo la siguiente, muy ilustrativa del carácter moral de este libro:
Era ignorante como casi todos los hombres con cultura. Lo que choca en ellos es que siempre quieren ser sencillos y jamás despejan una sola complicación. [...] Si les toca elegir entre un prado y un auto, sacrifican el prado. ¿Sabes por qué? No sacrifican más que lo que les une a los demás hombres. [...] Sólo se priva de las cosas simples y universales. Renunciará a la cerveza, a la carne o al sueño… porque esos placeres le recuerdan que no es más que un hombre.
Quizá sea el conseguido equilibrio entre pensamiento y acción lo que hace de “La taberna errante” un libro divertidísimo, ameno e inteligente. Chesterton es un gran predicador, desde luego, pero su sabiduría y su sentido común evitan que caiga en el más absoluto proselitismo literario; por el contrario, la historia fluye con naturalidad, con unos protagonistas socarrones y entrañables, y en ningún momento la parte más erudita o reflexiva torpedea el desarrollo narrativo.
“La taberna errante” es un placer que no acusa el paso del tiempo, y que depara no sólo risas y carcajadas, sino cavilaciones más profundas de lo que en apariencia pudiéramos pensar. Prueben y verán.
“La taberna errante” es un placer que no acusa el paso del tiempo, y que depara no sólo risas y carcajadas, sino cavilaciones más profundas de lo que en apariencia pudiéramos pensar. Prueben y verán.
Felicidades por el blog. Lo he encontrado de casualidad y me parece estupendo pero veo que faltan muchos libros por reseñar. Supongo que es que están empezando pero yo soy entusiasta de Edgar A. Poe y no he visto ningún libro suyo.
Como han dicho algunos críticos literarios comentando el libro, La taberna errante es un alegato contra la tiranía y la imbecilidad, un canto a la alegría y al gozo de la existencia. Pero yo creo que sobre todo es una afirmación entusiasta y exaltada de la amistad, una de las cosas que Chesterton más valoraba en el mundo
Conocí a Chesterton con sus novelas sobre el Padre Brown y me encantó pero cuando leí El hombre que fue jueves me sentí algo defraudada por el surrealismo de la trama.
Hace poco leí La taberna errante y opino que se trata de una lectura apasionante aunque hay que reconocer que, de nuevo, roza el surrealismo. Tal vez sea necesario olvidarse un poco del argumento del libro para centrarse en sus magistrales personajes y en la ágil narración. Y, sobre todo, es imposible leer este libro sin sonreir o incluso reir a carcajadas cuando relata determinadas situaciones.
Me molesta que se catalogue a este autor como católico, tratando de denostarlo, cuando, además de ser católico o precisamente por serlo, es un defensor implacable de la libertad.
Lo recomiendo vivamente
De a