De forma autobiográfica, Ferenc Máté cuenta a lo largo del libro el modo en el que se enamoró de la Toscana desde el mismo momento que llegó junto con su esposa Candace, las dificultades que tuvo que sortear hasta conseguir la casa de sus sueños para que fuese lugar estable donde alojarse, y sus vivencias con las personas, lugares, costumbres y situaciones del paisaje rural toscano.
De lenguaje sencillo y ameno en la exposición, con un tono desenfadado y humorístico, sin embargo no logra arrancar al lector una sonrisa sincera. Las imágenes y expresiones irónicas resultan algo académicas, como enlatadas. Podría decirse que está escrito para un público americano constantemente sorprendido ante las costumbres típicas y bien conocidas en el ambiente rural de la Europa mediterránea. En algunas imágenes el autor adolece de una escasa cultura católica, y algunas expresiones irreverentes puestas en boca de los autóctonos que pretenden ser graciosas quedan torpes al no encajarlas bien con el contexto que, por otra parte, pueden ser comprensibles para quienes conocen bien esas gentes campechanas, llenas de sincera devoción popular. Con todo, es un libro que refleja bien la preciosísima región italiana de la Toscana, escrito con respeto hacia sus gentes y admiración ante sus paisajes, y los rasgos negativos que podría detectar el lector no malogran el libro.
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