Este cuento narra cómo un niño de nueve años, hijo único y mimado, se desconcierta al ver el contraste entre la vida urbana que él conoce y la del pueblo de sus abuelos, con los que pasa unas semanas debido a un viaje de sus padres. Al principio está asustado y añorante, pero luego se acostumbra al barro, a los animales, al riesgo de caerse y ensuciarse, a la soledad del campo, y cuando llega el momento de marcharse lo hace con pena y con ganas de volver. La obra, escrita con sencillez, es entretenida, está impregnada de humor y pone en evidencia cómo los excesos de cuidados de las madres alarmistas pueden hacer niños "merengues".
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