Pequeño relato del norteamericano W. Irving (1783-1859), ambientado en una zona próxima al río Hudson habitada por colonos de origen holandés. El cuento tiene un fondo costumbrista muy cuidado, que da lugar a breves y acertadas descripciones de paisajes y modos de vivir. En cuanto al argumento, hace referencia a la facilidad de aquellas gentes para creer en todo tipo de historias fantásticas sobre aparecidos, espectros, etc. El estilo es elegante, preciso, de una calculada morosidad, ligeramente irónico.
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