Una joven que se sabe hija adoptiva experimenta una fuerte conmoción cuando descubre que sus verdaderos padres fueron condenados a prisión por la violación y asesinato de una niña de doce años. Al enterarse de que su padre -el violadormurió en la cárcel pero la madre -la asesinaestá a punto de obtener la libertad, abandona su hogar para vivir con esta desconocida e intentar descubrir su propia identidad a través de la de ella.
La autora (Oxford, 1920) demuestra comprender bien las complejas motivaciones que llevan al delito a los delincuentes profesionales.También revela una aguda sensibilidad para captar el ambiente, la luz, la atmósfera, el olor, de los barrios de Londres, donde transcurre la acción. Todo esto, unido a un eficaz dominio de la técnica narrativa, un estilo correcto y una temática interesante, da lugar a una novela inteligente, pero también dura, implacable, vacía de calor humano. Las reacciones de los personajes son racionalmente analizadas y descritas con despegada objetividad, sin tener en cuenta los impulsos del sentimiento y las exigencias de la afectividad. La obra, bien elaborada, con un toque de intriga policíaca que acentúa el interés de la trama, formalmente no defrauda, pero le faltan vibración y autenticidad.Bajo una contenida expresión verbal que rechaza lo vulgar y lo obsceno, posee esta novela un fondo de amoralidad profunda. La única guía de conducta es el propio egoísmo y no hay la menor inclinación generosa hacia el prójimo. El modo impersonal con que todo esto se plantea, como un reflejo de la realidad, constituye un eficaz contrapeso a un cuadro en sí mismo poco ejemplar.
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