El caracol Carlos y Eduardo, la hormiga, deciden emprender juntos un viaje sin rumbo fijo, para ver el mundo, en busca de aventuras. Como no han trazado ningún plan, enseguida se pierden, pero eso no les preocupa mucho porque su finalidad es ver cosas nuevas, estén donde estén y sean las que sean, y sentir emociones desconocidas hasta el momento. La obra narra las peripecias de la pequeña y singular pareja, donde la inteligencia y la tenacidad de la hormiga se combinan con la inalterable calma del caracol, menos vivaz pero más reflexivo y conformista. Escrita a modo de fábula, su desarrollo es ingenioso y sutil, con un tono humorístico de raíz tradicional británica, aunque su publicación original proceda de Estados Unidos. Tanto la concepción de las situaciones como los diálogos de los protagonistas responden a esquemas surrealistas muy bien conseguidos, que logran provocar la sonrisa del lector. Lo original de la trama, la calidad literaria del estilo, realmente notable, y la agudeza del contenido, que se sirve del absurdo para expresar ideas que no lo son, hacen de este libro algo muy peculiar e interesante. Su lectura, sin embargo, requiere amplia base de lecturas previas y está limitada a un ámbito de público bastante minoritario.
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