LA GUERRA DE LAS DOS ROSAS. TRINIDAD

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Segundo volumen de la serie La guerra de las dos rosas dedicada a la reconstrucción novelada del prolongado conflicto que, a mediados del s. XV, enfrentó a las casas de Lancaster y York que se disputaron la custodia del enfermizo y débil Enrique VI de Inglaterra.
La acción del presente episodio, titulado “Trinidad”, se inicia en 1454, cuando el joven rey recupera los sentidos cuya pérdida le había mantenido, a lo largo de un año y medio, apartado de sus funciones. Durante esos 18 meses el duque Ricardo de York, en su calidad de Guardián del Sello Real, había ejercido las tareas de gobierno como Protector de la Corona. Al despertar de su letargo, el joven monarca, movido por la antipatía que su mujer, la reina Margarita, profesaba al duque de York, tomó decisiones contrarias a los intereses del poderoso noble. Enrique, orgulloso al haber conseguido un heredero varón e influido por su esposa, desposeyó de sus cargos a Ricardo y rehabilitó al sector de la nobleza conocido por su enemistad contra el anterior valido. Conn Iggulden (Londres, 1971) expone con maestría la sucesión de los eventos que provocan la llamada Guerra de las dos Rosas, librada por las fracciones rivales dispuestas a no ceder en sus pretensiones e impedir cualquier acuerdo de paz hasta la victoria total. Se perfilan con nitidez los caracteres, vicios y virtudes de las figuras destacadas que, tanto en el bando de York como en el de Lancaster, mueven los hilos de la política en busca de aliados para su causa. Convocan a familiares, amigos y vasallos mientras refuerzan las defensas en sus villas y castillos dispuestos a cerrar el paso a los ejércitos rivales. Al mismo tiempo, llaman a las armas a familiares, amigos y vasallos, mientras conspiran en la Corte para lograr el favor del rey que no varía en su apoyo a los Lancaster. Sin embargo, las repetidas derrotas de las fuerzas reales parecen inclinar la balanza hacia los aliados de Ricardo, que toma de rehén a Enrique y le obliga a aceptar sus condiciones. Las espadas continúan en alto, sin alcanzar una tregua capaz de detener una guerra sangrienta que parecía no tener fin. La destrucción y la muerte llevaban la miseria a un país diezmado por los miles de bajas que afectaban tanto a lo más granado de la nobleza como a los vasallos y campesinos. La prosa cuidada y las brillantes descripciones, al reflejar con fidelidad el ambiente y la mentalidad de la época, aumentan el interés humano y la calidad literaria del relato, sin desfigurar la veracidad histórica de los hechos narrados.

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