VIVA LA REVOLUCION

VIVA LA REVOLUCION

SOBRE AMERICA LATINA

24,90 €

  • Editorial: PLANETA
  • Año de edición:
  • Materia: Ensayos
  • ISBN: 978-958-42-6874-7
  • Idioma: Español

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Eric Hobsbawm (1917-2012) es uno de los historiadores marxistas más prestigiosos del siglo XX. Y aunque nunca ocultó sus prejuicios ideológicos, lo cierto es que su obra, en la que defiende explícitamente sus puntos de vista políticos, puede entenderse como una especie de legitimación erudita del marxismo. A pesar de todo, incluso del estalinismo, al que en alguna ocasión se adhirió, está considerado como uno de los principales expertos en historia contemporánea. Sus ensayos sobre la época de las revoluciones burguesas -quizá su aportación más conocida- explican el nacimiento del capitalismo y enjuician lo negativo que comportó ese sistema económico. Una de sus principales tesis fue que la Revolución Francesa tuvo una naturaleza burguesa y que constituyó el arquetipo de todas las que siguieron.
¡Viva la revolución! recoge los artículos periodísticos y los breves ensayos sobre América Latina que Hobsbawm escribió para diversas publicaciones. El historiador comunista visitó esa parte del continente americano en varias ocasiones desde los años sesenta y fue testigo de algunas revueltas populares. Se trata, pues, de un libro recopilatorio en el que el lector puede ir paulatinamente asistiendo al auge del fervor revolucionario en muchos países latinos, a su caída después, así como al resurgimiento del radicalismo en decenios posteriores.
Hobsbawm percibe América Latina como “laboratorio de la revolución social”, tal y como también hicieron muchos marxistas del siglo pasado. Mientras el marxismo languidecía en los países desarrollados, la revolución de Fidel en Cuba tomaba el esperanzador testigo del comunismo. Desde Cuba, Hobsbawm recorrió la geografía de la insurgencia y el radicalismo político, visitando países como Brasil, Argentina, Chile, Perú o Colombia.
Se esté o no de acuerdo con sus tesis políticas, lo cierto es que Hobsbawm era serio al analizar el contexto económico de cada país y estudiaba la realidad social e histórica de las naciones que visitaba. Ciertamente, hay en estos breves textos mucha opinión personal y mucho tópico marxista, pero también se ofrece una precisa radiografía de las dinámicas históricas en Latinoamérica. La toma de contacto de Hobsbawm con Latinoamericana está repleta de estadísticas y de datos, lo que en apariencia otorga a su estudio imparcialidad y que permite que, sin compartir sus postulados ideológicos, el lector aprenda bastante sobre una realidad que le puede resultar ajena.
Ya en su primer viaje, al conocer la estructura social que caracteriza a países con un largo pasado colonial y la idiosincrasia geopolítica de la región, Hobsbawm se convence de que acaba de llegar a un continente explosivo. Aunque más tarde, como pone de manifiesto este libro, se desencantó con la suerte de la revolución comunista, al principio pensaba que los países que visitaba estaban en condiciones óptimas de afrontar una revuelta. Como muchos otros, esperaba con optismo que cundiera el ejemplo de Fidel en La Habana. Es esta, por ejemplo, la primera impresión que obtiene en Argentina, Uruguay o al acercarse a la realidad campesina de Perú.
Hobsbawm no duda en criticar la violencia de muchos movimientos populares. Tampoco confía en la forma de acceder al poder de Castro y sus seguidores. Cree que no asegurará un triunfo a largo plazo de la revolución. Por otro lado, a su juicio, la estrategia guerrillera es en muchos casos errónea desde un punto de vista político; también la tilda de utópica; el error era intentar reproducir lo que había ocurrido en Cuba. Pero también es claro a la hora de señalar por qué no se ha producido la revolución y culpa al imperialismo americano -más, incluso, que a las debilidades de los propios movimientos internos o a la falta de organización- del fracaso en la conquista del poder.
Por otro lado, el historiador británico veía en el pasado colonialista y en el retraso feudal de muchos países -no duda en calificar la estructura de Perú como neofedual- una rémora para la evolución económica y social de la región. Si esto último constituía una evidente debilidad, destacó el potencial político del campesinado. Ahora bien, como buen marxista, no dudó en afirmar que se requería de una élite intelectual dirigente para llegar a la revolución.
A pesar de la ideología del autor, hay en este análisis histórico de América Latina información precisa sobre la configuración política y social de los países de la zona. Se trata de un libro que puede ser interesante para quienes se encuentren interesados en la región, pero sería recomendable poseer una sólida formación histórica para refutar las interpretaciones más sesgadas de este libro.

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