CISNEROS. UN CARDENAL ENTRE DIOS Y EL REY.

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Político, diputado en Cortes, historiador y periodista, Carlos Navarro y Rodrigo (Alicante, 1833-Madrid, 1903) reivindicó en su biografía Un cardenal entre el rey y Dios la vida y la obra del Cardenal Francisco Ximénez de Cisneros (Torrelaguna, 1436 - Roa, 1517) aparecida en su primera edición el año 1869.
Frente a los críticos que negaban los méritos del cardenal al servicio de la Corona y le atribuían ansias de poder y excesivo rigor en sus actuaciones religiosas o políticas, el autor defiende sus cualidades de inteligencia y capacidad de mando en las difíciles circunstancias que afectaron a la gobernación de España al morir Isabel la Católica en 1506. Nombrado por la reina su confesor y consejero, Cardenal primado de Toledo y Gran Inquisidor adquirió merecido prestigio al afrontar con firmeza las difíciles tareas que se le encomendaron al servicio de la Corona. Tras el fallecimiento de Isabel se despertaron de nuevo las inquietudes de la nobleza sobre la sucesión al trono, circunstancia agravada por la rivalidad surgida entre el rey viudo, Fernando de Aragón y Felipe I, el marido de su hija Juana. El autor demuestra con datos y documentadas referencias históricas, que el Cardenal sorteó obstáculos y encauzó la crisis derivada del fallecimiento de Felipe I y la incapacidad de doña Juana debido a su evidente locura. Fue, además, un elemento decisivo para lograr que el rey don Fernando asumiera, hasta la mayoría de edad de su nieto Carlos la regencia de Castilla, durante la cual impulsó la expedición militar y conquista de la plaza fuerte de Orán en el norte de África. Promotor del arte e impulsor de la cultura, fundador de la Universidad Cisneriana en Alcalá de Henares, reformador del clero y protector de los indios en las colonias americanas, se mostró siempre comedido en el ejercicio de sus amplios poderes al servicio de España. Rechaza el autor las acusaciones de excesiva dureza al frente del Tribunal de la Inquisición, lo que se confirma al hacer referencia a las disposiciones que dictó para reforzar la seguridad de los procesados y suavizar las penas por los delitos que se les imputaban. Defiende también la prudencia de Cisneros al tratar con los nobles flamencos, dispuestos a intervenir en la política española para favorecer sus intereses en previsión de que fueran reconocidos los derechos de Carlos V, todavía menor de edad. El estilo, cuidado elegante de la exposición de los ambientes y circunstancias de la España del Renacimiento, resulta actualmente un tanto retórico y excesivamente laudatorio, de acuerdo con la visión romántica de la historia propia de finales del siglo XIX. Sin embargo, tampoco faltan aceradas críticas dirigidas a militares, eclesiásticos y nobles que anteponían sus egoísmos y ambiciones personales a los intereses de España, los que siempre impulsaron las acciones del Cardenal aunque le costaran la enemistad y el odio de sus enemigos.

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