Crónicas de un Viaje a la Habana
Miguel Gil Casares
¿No cumplen los libros de viajes el cometido propio de la literatura? Si leer consiste, como se dice a menudo, en viajar de otra manera, el cronista que explora el mundo y lo captura en una red de palabras, el aventurero que transita caminos ignotos y trenza oraciones imposibles es escritor con todas las de la ley. ¿Acaso no propician sus descripciones y sus metáforas una trave...
¿No cumplen los libros de viajes el cometido propio de la literatura? Si leer consiste, como se dice a menudo, en viajar de otra manera, el cronista que explora el mundo y lo captura en una red de palabras, el aventurero que transita caminos ignotos y trenza oraciones imposibles es escritor con todas las de la ley. ¿Acaso no propician sus descripciones y sus metáforas una travesía interior? El autor del libro de viajes tiene el singular privilegio de desplazar a quien permanece.
Miguel Gil Casares, médico con inquietudes humanísticas, viajó a Cuba y lo contó. Su testimonio es importante porque, en aquel entonces, 1928, todo resultaba allí muy distinto, acaso mejor. El comunismo se antojaba apenas una ensoñación oriental; la lucha armada era el delirio de un puñado de fanáticos aún imberbes. ¿Qué aspecto tenía aquella Cuba que encandiló a Gil Casares? ¿Qué es lo que se sacrificó en el altar de la distopía? Nuestro autor, fallecido en 1931, nos descubre, sin pretenderlo, el precio exacto de la revolución.
Reseña del Editor