CronografãAs
Si el culto moderno a la velocidad consagró la técnica como adelantada de un promisorio porvenir y alumbró la primera vanguardia, el futurismo, el nuevo siglo parece habernos sumido en un desalentador presentismo, un presente embriagado de presente incapaz de anticipar el mañana. La expansión del consumo, con sus ritmos cada vez más acelerados de producción y obsolescenc...
Si el culto moderno a la velocidad consagró la técnica como adelantada de un promisorio porvenir y alumbró la primera vanguardia, el futurismo, el nuevo siglo parece habernos sumido en un desalentador presentismo, un presente embriagado de presente incapaz de anticipar el mañana. La expansión del consumo, con sus ritmos cada vez más acelerados de producción y obsolescencia, y la revolución digital, con sus redes de conexión instantánea y su frenesà de demandas, han comprimido la experiencia en un tiempo devorador, un tiempo sin tiempo. No sorprende que la escasez de tiempo esté en el centro de la colonización maquÃnica de la vida cotidiana en la era digital, y en las crecientes alertas de cientÃficos y pensadores sobre los cataclismos ambientales que el hombre mismo ha desatado y que amenazan su supervivencia en el planeta. Pero el arte y la literatura no se resignan. Quieren salir de la monocronÃa obligada, desvelarla, transformar el tiempo perdido del consumo disciplinado en experiencia estética del tiempo recuperado. Contra la ficción global del tiempo único y la historia del arte lineal, también los relatos crÃticos que hoy las convocan quieren recuperar el espesor caleidoscópico del presente y la soberanÃa de lo anacrónico. «Sólo a través del tiempo», escribió T. S Eliot, «el tiempo se conquista.»
Las obras de artistas y escritores del siglo XXI que Graciela Speranza reúne en este ensayo vehemente e iluminador renuevan sus medios y sus formas en cronografÃas singulares hechas de imágenes, ficciones, objetos y presencias que rizan el tiempo, lo pliegan, lo expanden, lo desaceleran. Invierten o enloquecen la flecha del tiempo, se liberan de la tiranÃa de los relojes, tensan la duración del presente o componen constelaciones con restos de otros lugares y otros tiempos. La constelación mayor que las alberga deja que las obras mismas guÃen el relato y el pensamiento, y que en las figuras que componen se perciban las luces y la oscuridad de nuestra época. Aspira a que cada una brille con su propia intensidad en una nueva cartografÃa imaginaria que desconoce otras cotas y fronteras.
Reseña del Editor