EL CANTO Y LA CENIZA

EL CANTO Y LA CENIZA

ANTOLOGÍA POÉTICA

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Magnífica edición a cargo de Olvido García Valdés y Monika Zgustova, autoras de las traducciones y de los prólogos y epílogos, de una selección poética de dos de las mejores poetas de la literatura rusa del siglo XX. Las dos vivieron marcadas por el devenir de la Revolución rusa y las dos superaron las duras circunstancias personales que tuvieron que padecer para escribir una poesía auténtica, personal, individual que dio forma a sus sentimientos y, también, a la situación de tantos miles de personas en la URSS en momentos de dura represión.
De Anna Ajmátova (1889-1966) se reproducen sus dos poemas más famosos, Réquiem y Poema sin héroe, largos y muy ambiciosos. El primero, Réquiem, comenzó a escribirlo en 1935 y pretende dar voz a las mujeres que soportan de manera estoica la separación de sus seres más queridos, condenados a la cárcel, el destierro y los campos de trabajo en Siberia sin que ellas tengan ninguna noticia de su paradero. Un hijo de Ajmátova fue detenido y arrestado, y estos poemas describen tanto su desesperada situación como la de cientos de mujeres con las que compartió este clima de desasosiego y martirio. Este poema no se pudo publicar en la URSS hasta 1989. Poema sin héroe es bastante más complejo y trabajó en él a lo largo de más de veinte años, siendo una especie de autobiografía poética dedicada a su tiempo, a su memoria, a sus amigos, a aquellos hechos que más marcaron su espíritu. También ¡se reproducen otras poesías de sus ciclos poéticos más famosos.
Marina Tsvetáieva (1892-1941) comenzó muy joven a publicar poesía. Sus primeros libros de poemas deslumbraron a la intelectualidad rusa. Sin embargo, la Revolución truncó su trayectoria. En 1922, abandonó la URSS para vivir en Praga, a la vez que su marido ejercía de espía ruso en París. En 1925 se trasladó a París. Compartió amistad con grandes poetas y artistas de su tiempo, rusos y extranjeros (como Pasternak y Rilke). En 1938 decidió regresar a la URSS, un año después de que lo hicieran una de sus hijas y su marido. En 1939, detuvieron a su marido y lo ejecutaron. Su hija fue enviada a un campo de trabajo en Siberia. A ella se le prohibió publicar, fue desterrada a un pueblo tártaro y en 1941 se suicidó.
Las dos autoras solo se vieron una vez en 1940. Pero las dos conocían su poesía. Estamos, pues, antes dos testimonios poéticos de primera magnitud. Cada una, desde su perspectiva singular, reflejaron los tormentosos momentos que tuvieron que vivir, siempre desde su reconocible e intenso mundo íntimo.

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