EL MAL Y EL TIEMPO

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La acción narrada por Carlos Fortea (Madrid, 1963) en El mal y el tiempo, se inicia con la aparición del cadáver de un hombre de mediana edad en su domicilio de Madrid. Los agentes de policía encargados del caso, proceden a la identificación de la víctima, Arturo Cervera, un veterano funcionario que ha ejercido durante muchos años diversas tareas en la Administración pública.
El examen del cuerpo muestra una herida leve en la frente, que se descarta como causa de la muerte. Hipótesis que confirma el forense al atribuir el fallecimiento a un infarto, quizá provocado por la impresión recibida tras el disparo. Soltero y sin familia, el hombre llevaba una vida solitaria, con excepción de compañías femeninas eventuales. La única pista válida para la investigación consistía en un retrato al óleo de una bella mujer, que llevaba en el anverso escrito el nombre de la modelo: Silvia. El relato se desarrolla, a partir de ese momento, en varios planos temporales alternos, que van desde la última década del siglo XX a los primeros años del XXI. Los protagonistas de la acción, el malogrado Arturo Cervera y su compañero Mario Fuentes, formaron en su juventud un eficaz equipo al frente de diversos gabinetes de prensa en los Ministerios del gobierno. Corría la década de 1990 en una España promotora de eventos internacionales, que los dos socios se encargaban de presentar al público. Sus devaneos amorosos harán surgir las diferencias entre ellos, ambos enamorados de la mujer del retrato, la enigmática Silvia que, finalmente, se convierte en pareja de hecho de Mario. La novela deriva hacia el melodrama al plantear los amores ocultos entre unos y otros, donde aparecen sentimientos encontrados, rivalidades y episodios truculentos de celos que se suceden sin que el autor acierte a enlazar los distintos elementos dentro una trama convincente. Tanto las referencias ambientales como los diálogos entre las parejas resultan artificiales, basadas en tópicos que parecen extraídos de series televisivas y vacías de contenido. Por otra parte, las investigaciones de los dos policías, aunque ineficaces en general, sirven para descubrir algunos aspectos de las relaciones de amor-odio que unen y desunen a los personajes (Silvia, Mario y Arturo) integrantes del triángulo amoroso. Ignoran, sin embargo, algunos aspectos fundamentales, como el hecho de que, con el paso del tiempo, la atractiva Silvia, tras la muerte de Mario, ha rechazado las pretensiones del pertinaz Arturo que fue a visitarla. Pese a todo, el autor salva el honor de los policías al descubrir por casualidad las circunstancias que rodearon el caso y la identidad de la persona que compañaba al desafortunado Arturo en el momento de la muerte.

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