GUADALUPE ORTIZ DE LANDÃZURI
TRABAJO, AMISTAD Y BUEN HUMOR
Mercedes EguãBarAhorras un 5,0%
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- Editorial: PALABRA
- Año de edición: 2001
- Materia: Vidas de santos
- ISBN: 978-84-8239-496-1
- Páginas: 296
- Encuadernación: Rústica
- Colección: Testimonios
- Idioma: Español
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Una mujer muy alegre, excelente profesional con especial simpatÃa y facilidad para la amistad, vista a través de doscientos testigos en España, México y Roma, que esperan su canonización.
Guadalupe era una mujer que tenÃa autoridad, sin ser autoritaria más que corregir animaba y abrÃa horizontes. Trataba de acomodarse a la forma de ser de cada uno, sin perder de vista el fin para el que estaban en el mundo. No solo ponÃa la atención en las cosas grandes sino en muchas pequeñas, viviendo asà el espÃritu del Opus Dei. En el difÃcil equilibrio entre la comprensión y la exigencia, Guadalupe se inclina siempre claramente por lo primero. ReconocÃa que es preciso, en algunos casos, ceder por el bien de las almas. Hay personas que decÃan que era demasiado comprensiva: pero nadie, dice que fuera imperante en la forma.
Es difÃcil saber cuál es el punto medio de la virtud. Es imposible olvidar unas palabras de San JosemarÃa al respecto: por todos los caminos honestos de la tierra quiere el Señor a sus hijos echando la semilla de la comprensión, del perdón, de la caridad, de la paz. Y el Fundador del Opus Dei, añadÃa: Tú, ¿qué haces? Guadalupe podÃa responder: ¡Eso! Y a lo mejor podrÃa añadir que su condescendencia era como la de aquel varón doctÃsimo y santo al que el Padre oyó decir: A todo me avengo, menos, menos a ofender a Dios (Forja, 373 y 801). Humanamente hablando era prudente, sabÃa sopesar las ventajas e inconvenientes antes de tomar una decisión. Guadalupe reÃa muchÃsimo y siempre sonriente. Esto obedecÃa a un olvido de sà misma. Asà era Guadalupe. Es lógico que se despidiera con hasta luego. Dios se la llevó en el momento oportuno y cuando nadie lo esperaba. Murió como habÃa vivido, sin el menor asomo de tragedia.

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