Cuando la felicidad termina, a veces la transparencia del recuerdo nos ilumina, nos comunica incluso cierta ligereza, pero nos hace al mismo tiempo más cargante la realidad, sobre todo si ésta sigue siendo una tarde de toros. Esto nos ha sucedido a todos los que estuvimos en la mañana de José Tomás en Nîmes, y que tuvimos que acudir a la siguiente corrida de la tarde, interesan...
Cuando la felicidad termina, a veces la transparencia del recuerdo nos ilumina, nos comunica incluso cierta ligereza, pero nos hace al mismo tiempo más cargante la realidad, sobre todo si ésta sigue siendo una tarde de toros. Esto nos ha sucedido a todos los que estuvimos en la mañana de José Tomás en Nîmes, y que tuvimos que acudir a la siguiente corrida de la tarde, interesante desde luego, pero terrestre.
Los catorce mil espectadores que tuvieron la dicha de presenciar aquella corrida no solamente histórica, sino milagrosa por su perfume de eternidad, donde no hubo el menor tropiezo, la más mínima sensación de vacío, donde tampoco sobró nada, quedan convencidos de haber recibido, por premio de su afición y de los múltiples esfuerzos por estar allí, el más preciado de todos los regalos. La sensación de plenitud es unánime, pero cada uno exhibe su particular prisma de admiraciones y recuerdos. Yo, por mi parte, me quedo con ese soberbio arte minimalista de José Tomás, con los engaños desplegados y movidos no más de lo justo y necesario para abarcar y retener la embestida del toro; me quedo con la pureza y suavidad de cada uno de sus gestos.
Celebro sus pases de capote a una mano, como si fuera la muleta, y sus naturales con la derecha, cuando prescindió de la espada para ayudar. Me impacta ese ritmo perfecto con el cual abrió y cerró cada una de las series y se alejó del toro para dejarle, y también a nosotros, respirar.
Durante toda su actuación se impuso la belleza y la felicidad. El "¡ay!" de la emoción que nos arrancó en algunos momentos nunca fue a propósito. Era únicamente la constatación forzosa de los milímetros que separaban su cuerpo de los pitones en aquellas gaoneras y manoletinas solemnes, y en aquellas estocadas donde dejaba al toro una puerta de salida más que estrecha. Nunca golpeó el suelo con el pie para animar a su oponente, y tampoco le gritó. En el denso silencio del coliseo a veces tan sólo se podía oír sus cuchicheos amorosos para tranquilizar al toro más que para excitarle. La música, presta a sonar al principio, se hizo discreta y se escurrió al final, respetando la música callada de ese toreo.
El público, que no se creía lo que estaba viendo, reaccionó con unanimidad, todos de pie al final de cada fase -como cuando acogieron al torero desfilando en solitario-, saludando con un olé chispeante cada suerte lograda, pero al mismo tiempo unos y otros descargaban su emoción con un sinfín de piropos y gritos donde no faltó el humor. Se alabó a la madre del torero, Colombia y México hicieron notar su presencia, Barcelona y catalanes reivindicaron su afición, se proclamó que "José Tomás es la verdad del toreo", y alguien preguntó en alto: "José, ¡¿Cómo te podemos pagar?!" - "¡Callándote!", contestó un vecino.
Algunos cuestionan el indulto concedido al toro de Parladé, que saltó al callejón de salida, y luego fue de una nobleza y embestida incansables, permitiendo al torero una bella prórroga de faena antes de despedirle a la puerta de los corrales con un último e interminable pase de pecho. Creo sinceramente que este feliz desenlace estaba en la lógica de lo acontecido en aquella celeste mañana. Las virtudes del torero merecieron el perdón para el toro. Y a mí me parece que José Tomás nos despidió también a todos, para seguir en la vida recordando para siempre aquella mañana, con este suave y amistoso remate.
¿Qué ocurre en el cuerpo de un torero cuando se planta ante un toro? ¿Cuánto pesa el miedo en la frecuencia cardíaca? ¿Cuánta fuerza hace falta para templar una embestida de quinientos kilos sin mover los pies? Durante años, la preparación del torero fue cosa del campo, la intuición y el oficio heredado. Hoy sabemos que detrás de cada natural, de cada verónica, de cada estocada...
¿Sabías que hubo una huelga de toreros para poder torear en domingo? ¿Que el toro de Osborne fue defendido como patrimonio cultural ante el Tribunal Supremo? ¿Que la tauromaquia llegó a colarse en campañas internacionales de marcas tan conocidas como Coca-Cola, Adidas o Johnnie Walker? ¿Que incluso existió una quiniela taurina? ¿Que la Fiesta ha estado presente en lugares tan i...
Morante, del calvario a la gloria es un libro de colección dedicado a la figura de Morante de la Puebla y centrado en su temporada 2025. La obra presenta un testamento inspirado de un año extremo, irrepetible y decisivo para la historia de la tauromaquia contemporánea. Concebido como una obra cultural, el libro fija en texto e imágenes un periplo marcado por la superación perso...
A. Vara / Jose Maria Jurado Garcia-Posada / Jose Carlos Vara Mata
Dos narraciones sobre tauromaquia llenas de evocaciones y la memoria sentimental, ganadora y finalista del II Premio DIVISA de literatura taurina. Continúa esta preciosa convocatoria de literatura taurina, con dos ganadores, ambos en el terreno de la ficción. ...
En la tauromaquia, la suerte de matar es la tercera suerte, la suerte de usar la espada para atravesar el corazón del toro. Del mío, del nuestro. Una suerte que surge de poner la vida, trajeada de luces, frente a una bestia. Fuerza natural, oscura, pitones que abren, o pueden hacerlo. La suerte de tener un cuerpo, ponerlo en juego. ¿Para qué sirve un cuerpo? Para matar. La prim...
La suerte de varas es uno de los momentos más determinantes de la lidia y, al mismo tiempo, uno de los menos observados con detenimiento. En ella se mide la bravura del toro, se define su comportamiento posterior y se pone a prueba un equilibrio técnico que ha ido transformándose a lo largo de los siglos. En El tercio de varas y el caballo de picar, el veterinario especialista ...
Tiene en sus manos un extraordinario compendio de la tauromaquia, una revisión profunda de la lidia como patrimonio cultural y popular, y también una completa aproximación didáctica al universo del toro.Andrés Amorós, uno de los escritores y críticos taurinos más reconocidos, realiza en este ensayo un recorrido riguroso por la historia de la fiesta, desde los orígenes del toro ...
¿Toreaban los romanos? Sí, y mucho. A partir de esta pregunta, Alfonso Mañas ?máxima autoridad mundial en tauromaquia romana? nos guía por un universo tan sorprendente como desconocido: el de los combates entre toros y hombres en los anfiteatros de la Antigua Roma. El toro era además el animal que más aparecía en la arena, muy por encima del león, y también el que ofrecía los ...
Desde sus primeros artículos periodísticos, Fernando Savater ha tenido siempre muy presente un tema que le apasiona: los toros. Esta obra reunida incluye todo el Savater taurómaco, incluyendo tanto sus escritos en prensa como en revistas, su Pregón taurino para la Feria de Abril sevillana y las aportaciones que realizó para el libro Tauroética. En Todos mis toros, Fernando Sava...
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https://www.troa.es/libro/jose-tomas-de-nimes-al-cielo-de-nimes-au-ciel_701749701749Jose Tomas. De Nimes Al Cielo / de Nimes Au CielCuando la felicidad termina, a veces la transparencia del recuerdo nos ilumina, nos comunica incluso cierta ligereza, pero nos hace al mismo tiempo más cargante la realidad, sobre todo si ésta sigue siendo una tarde de toros. Esto nos ha sucedido a todos los que estuvimos en la mañana de José Tomás en Nîmes, y que tuvimos que acudir a la siguiente corrida de la tarde, interesante desde luego, pero terrestre.
Los catorce mil espectadores que tuvieron la dicha de presenciar aquella corrida no solamente histórica, sino milagrosa por su perfume de eternidad, donde no hubo el menor tropiezo, la más mínima sensación de vacío, donde tampoco sobró nada, quedan convencidos de haber recibido, por premio de su afición y de los múltiples esfuerzos por estar allí, el más preciado de todos los regalos. La sensación de plenitud es unánime, pero cada uno exhibe su particular prisma de admiraciones y recuerdos. Yo, por mi parte, me quedo con ese soberbio arte minimalista de José Tomás, con los engaños desplegados y movidos no más de lo justo y necesario para abarcar y retener la embestida del toro; me quedo con la pureza y suavidad de cada uno de sus gestos.
Celebro sus pases de capote a una mano, como si fuera la muleta, y sus naturales con la derecha, cuando prescindió de la espada para ayudar. Me impacta ese ritmo perfecto con el cual abrió y cerró cada una de las series y se alejó del toro para dejarle, y también a nosotros, respirar.
Durante toda su actuación se impuso la belleza y la felicidad. El "¡ay!" de la emoción que nos arrancó en algunos momentos nunca fue a propósito. Era únicamente la constatación forzosa de los milímetros que separaban su cuerpo de los pitones en aquellas gaoneras y manoletinas solemnes, y en aquellas estocadas donde dejaba al toro una puerta de salida más que estrecha. Nunca golpeó el suelo con el pie para animar a su oponente, y tampoco le gritó. En el denso silencio del coliseo a veces tan sólo se podía oír sus cuchicheos amorosos para tranquilizar al toro más que para excitarle. La música, presta a sonar al principio, se hizo discreta y se escurrió al final, respetando la música callada de ese toreo.
El público, que no se creía lo que estaba viendo, reaccionó con unanimidad, todos de pie al final de cada fase -como cuando acogieron al torero desfilando en solitario-, saludando con un olé chispeante cada suerte lograda, pero al mismo tiempo unos y otros descargaban su emoción con un sinfín de piropos y gritos donde no faltó el humor. Se alabó a la madre del torero, Colombia y México hicieron notar su presencia, Barcelona y catalanes reivindicaron su afición, se proclamó que "José Tomás es la verdad del toreo", y alguien preguntó en alto: "José, ¡¿Cómo te podemos pagar?!" - "¡Callándote!", contestó un vecino.
Algunos cuestionan el indulto concedido al toro de Parladé, que saltó al callejón de salida, y luego fue de una nobleza y embestida incansables, permitiendo al torero una bella prórroga de faena antes de despedirle a la puerta de los corrales con un último e interminable pase de pecho. Creo sinceramente que este feliz desenlace estaba en la lógica de lo acontecido en aquella celeste mañana. Las virtudes del torero merecieron el perdón para el toro. Y a mí me parece que José Tomás nos despidió también a todos, para seguir en la vida recordando para siempre aquella mañana, con este suave y amistoso remate. https://www.troa.es/imagenes/9788472/978847290625.webp38.0040.005.002InStockhttps://www.troa.es/imagenes/9788472/978847290625.webp1619391161287716170491619563160632916026711590224159527515846211579400
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