En el pasado, los museos fueron el resultado de la paciente labor investigadora de eruditos, sabios o diletantes; pero en España hubo otro tiempo, no tan lejano, en que fueron los ignorantes y los arrogantes quienes construyeron y diseñaron los museos. De esta forma, se pasó de un tipo de museo con objetos pacientemente recuperados e investigados, pero deficientemente expuestos...
En el pasado, los museos fueron el resultado de la paciente labor investigadora de eruditos, sabios o diletantes; pero en España hubo otro tiempo, no tan lejano, en que fueron los ignorantes y los arrogantes quienes construyeron y diseñaron los museos. De esta forma, se pasó de un tipo de museo con objetos pacientemente recuperados e investigados, pero deficientemente expuestos, a un museo sin objetos, sin investigación que avalara ninguna idea, pero con un magnífico plumaje. Museos que, al igual que los loros, hablaban al público, pero no le transmitían nada. Y de la misma forma en que se construyeron autopistas y trenes de alta velocidad sin pasajeros y aeropuertos sin aviones, en España se construyeron también museos sin ideas ni objetos. El resultado de este aquelarre cultural, auténtico festín de brujas, han sido magníficos edificios habitados por las telarañas. Insostenibles, inútiles, sin otra función que alimentar los bolsillos de la especulación que atenaza no ya el crecimiento de la cultura, sino también su propia existencia.
Y en este panorama subsisten los museos, los de siempre, aquellos que habían nacido de la labor esforzada de sabios trabajadores de la cultura. Ellos no estuvieron presentes en el aquelarre cultural. Tampoco se beneficiaron de la especulación. Apenas se sostuvieron con sus andrajos frente al insultante despilfarro de los ricos.
Frente a ello, hay que levantar la voz del Museo Pobre, del que no tiene recursos y nunca los ha tenido; del museo que ha sobrevivido a las guerras, a las bombas, al hambre y a los inviernos sin calefacción; aquellos museos cuyo director abre por la mañana y cierra por la noche, lleva la administración y atiende a las visitas, y cuyas vitrinas fueron compradas a base de las miajas que caían del despilfarro de los ricos.
Los autores rompen con la visión romántica del museo. No es un lugar de paz, es un "laberinto" donde chocan la memoria y las urgencias del presente. Es el libro que explica por qué el museo debe cambiar radicalmente si quiere seguir existiendo ("todavía") ...
Célebre en el mundo entero por sus obras maestras del impresionismo, el museo de Orsay conserva miles de pinturas, esculturas y artes decorativas de los más grandes artistas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Redescubra las 300 obras m ...
El Museo Metropolitano de Arte, coloquialmente conocido como el Met, es un museo de arte enciclopédico de la ciudad de Nueva York. Es el cuarto museo más grande del mundo y el mayor museo de arte de América. Fundado en 1870, su misión es acercar el arte y ...
Este libro invita a repensar el museo como un verdadero laboratorio de innovación social, cultural y medioambiental y ofrece una visión integral del papel de la institución museística ...
Javier Gómez Martínez / Jesus Pedro Lorente / Natalia Juan
Este libro no es una monografía (más) sobre el Museo Guggenheim Bilbao, sino que se ocupa de analizar su impacto en el entorno urbano y otros círculos concéntricos de su onda expansiva, de amplia resonancia en todo el mundo. El edificio de Frank Gehry se ha convertido en epítome de una era marcada por arquitecturas espectaculares y exposiciones blockbuster que, independientemen...
«Los museos son lugares de placer. Nos atraen. Y no solo por su reputación, su valor simbólico o su peso cultural, sino, sobre todo, por sus características físicas. Los museos suelen ser islas de paz en el tráfago de las ciudades, por las que se puede caminar y charlar con sosiego; ofrecen constantes estímulos visuales, que pueden resultar tan euforizantes como un partido de v...
Después de un largo proceso de unificación, Italia se conformó como Estado-nación en 1861. A partir de ese momento, la monarquía y el Gobierno central tuvieron que elaborar políticas culturales para la construcción de la identidad nacional italiana. Era muy importante que todos los ciudadanos se sintiesen reconocidos entre sí y con el nuevo país. Se utilizaron muchos recursos y...
Un ensayo para "democratizar el museo", para aprender a "leerlos" y disfrutarlos de una manera diferente. En un contexto de embates contra la memoria y discursos monolíticos sobre el pasado, este libro aporta una mirada inédita sobre una de las instituciones más importantes de la configuración de la esfera pública: los museos. Tomando como base el estudio de las colecciones de...
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https://www.troa.es/libro/la-cultura-museistica-en-tiempos-dificiles_732851732851La Cultura Museística en Tiempos DifícilesEn el pasado, los museos fueron el resultado de la paciente labor investigadora de eruditos, sabios o diletantes; pero en España hubo otro tiempo, no tan lejano, en que fueron los ignorantes y los arrogantes quienes construyeron y diseñaron los museos. De esta forma, se pasó de un tipo de museo con objetos pacientemente recuperados e investigados, pero deficientemente expuestos, a un museo sin objetos, sin investigación que avalara ninguna idea, pero con un magnífico plumaje. Museos que, al igual que los loros, hablaban al público, pero no le transmitían nada. Y de la misma forma en que se construyeron autopistas y trenes de alta velocidad sin pasajeros y aeropuertos sin aviones, en España se construyeron también museos sin ideas ni objetos. El resultado de este aquelarre cultural, auténtico festín de brujas, han sido magníficos edificios habitados por las telarañas. Insostenibles, inútiles, sin otra función que alimentar los bolsillos de la especulación que atenaza no ya el crecimiento de la cultura, sino también su propia existencia.
Y en este panorama subsisten los museos, los de siempre, aquellos que habían nacido de la labor esforzada de sabios trabajadores de la cultura. Ellos no estuvieron presentes en el aquelarre cultural. Tampoco se beneficiaron de la especulación. Apenas se sostuvieron con sus andrajos frente al insultante despilfarro de los ricos.
Frente a ello, hay que levantar la voz del Museo Pobre, del que no tiene recursos y nunca los ha tenido; del museo que ha sobrevivido a las guerras, a las bombas, al hambre y a los inviernos sin calefacción; aquellos museos cuyo director abre por la mañana y cierra por la noche, lleva la administración y atiende a las visitas, y cuyas vitrinas fueron compradas a base de las miajas que caían del despilfarro de los ricos. https://www.troa.es/imagenes/9788497/978849704736.webp19.0020.005.001InStockLibroshttps://www.troa.es/imagenes/9788497/978849704736.webp1603874159133515913321605808157185215897011570681156429815783321542089
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