LA NIÑA QUE BEBIÓ LUZ DE LUNA

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Todo transcurre en un ambiente fantástico que parece sacado de los cuentos tradicionales. Hay una bruja buena, un monstruo, un dragón, una bruja mala, unos Ancianos muy malos y unos personajes nobles que arriesgarán su vida por los demás y conocer la verdad. Todo en un contexto maravilloso: un Protectorado rodeado por un Bosque que se supone maligno, oscuro, peligroso, misterioso.
La novela comienza con la tradición que vive el Protectorado todos los años de entregar a la Bruja del Bosque una criatura recién nacida. Los Grandes Ancianos, que controlan en Protectorado con estas costumbres ancestrales, mantienen así el temor y el poder. Pero ese año, la madre que debe entregar a su hija recién nacida se opone con todas sus fuerzas, lo que obliga a los Ancianos a arrebatarsela con violencia y encerrarla en la Torre, donde se vuelve loca.
Las cosas no son, sin embargo, como los Ancianos dicen. Todos los años, la bruja Xa se acerca a recoger al bebé abandonado para que no se lo coman las alimañas del bosque y lo entrega a algunas familias de las Ciudades Libres. Ese año, sin embargo, durante el camino, Xa siente algo especial por esa niña, a la que llama Luna. Hay un momento en el que la niña come Luz de Estrellas y se enmagiza, es decir, se convierte en Bruja, aunque ella no lo sabrá hasta muchos años después. Se educa con la Bruja Xa, con el dragón enano Fyrian y con el monstruo poeta Glerk. Cuando tiene trece años, Luna descubre que hay muchos misterios en su vida y en sus orígenes.
En el Protectorado las cosas no transcurren como los Ancianos tienen previsto. El joven Antain cuestiona su poder y algunas de sus costumbres y a escondidas se rebela contra los Ancianos y las Hermanas que controlan el Protectorado. Los objetivos de Antain serán los mismos que los de Luna y Xa. Eso sí, después de muchas peripecias.
Novela amable, poética, fantástica, que explota los ingredientes y los elementos maravillosos. Los buenos son buenos y los malos, como en los cuentos, son muy malos. Hay luz y oscuridad. Y sombras. Y misterio. Y magia.
Esta magia candorosa contamina el desarrollo de la novela, pues la autora utiliza la magia cuando le conviene y le interesa, sin que las cosas sucedan de manera lógica. Se trata de un recurso muy cómodo y gratuito que la autora emplea en todo momento sin que el desarrollo de la novela explique nada ni exija nada.
Los personajes son previsibles y están repletos de estereotipos. Los elementos poéticos y maravillosos suenan a postizos. Hay muchos momentos melosos. La autora mezcla lo real y fantástico de manera caprichosa, sin que nada de lo que suceda venga exigido por el desarrollo de la trama. Personalmente me ha parecido tópica, sin pies ni cabeza, excesivamente sentimental.
No descarto que si hay una buena campaña de publicidad, esta novela se pueda vender, pues su mensaje y contenido conecta con una visión almibarada y fantástica de la vida, sin conexión con la realidad, con un idealismo de cartón piedra. La novela, por otra parte, aunque excesivamente larga (según mi opinión), se lee bien y tiene momentos agradables

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