La Protesta
Henry James
Un lord inglés se resiste a que un estadounidense le compre sus valiosas obras de arte, que son patrimonio familiar, pero ha de pagar unas deudas de juego, y por eso lo recibe, junto con otras damas y caballeros, en su palacete familiar. Los diálogos de todos ellos, llenos de elegancia, suposiciones, sugerencias, frases afiladas, llenan la novela y constituyen su esencia. Esos...
Un lord inglés se resiste a que un estadounidense le compre sus valiosas obras de arte, que son patrimonio familiar, pero ha de pagar unas deudas de juego, y por eso lo recibe, junto con otras damas y caballeros, en su palacete familiar. Los diálogos de todos ellos, llenos de elegancia, suposiciones, sugerencias, frases afiladas, llenan la novela y constituyen su esencia. Esos diálogos giran en torno al valor pecuniario de las obras de arte, especialmente en relación con un cuadro atribuido a Mantovano que puede ser de otro autor, y con el retrato de una bella duquesa.
La lectura, para un lector no acostumbrado a James, puede hacerse algo difícil, pues los sobreentendidos, las frases de doble sentido, la acumulación de nombres propios y títulos de nobleza hacen difícil al principio entender bien el contexto y quién es quién. También puede resultar algo prolijo que sólo se trate de la negativa orgullosa de unos nobles a desprenderse de sus obras de arte y del interés de un norteamericano en hacerse con ellas.
Patriotismo, sentido del apellido, del patrimonio frente al afán acaparador de un representante del Nuevo Mundo que todo lo tasa económicamente, reproches cruzados en el sentido de que Inglaterra también saqueó patrimonios culturales en su día, dan una perspectiva más amplia, histórica, a un relato de diálogos que se desarrolla como una pieza de teatro, en un espacio cerrado, sin acción.
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