LAS REDES DEL TERROR

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LAS POLICI´AS SECRETAS COMUNISTAS Y SU LEGADO

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Jose´ M. Faraldo (1968) es profesor en la Universidad Complutense de Madrid y lo ha sido de la Universidad Europea Viadrina en Fra´ncfort del Oder. Ha trabajado en diferentes proyectos europeos de investigación, como el que realizó en el Centro de Historia Contemporánea de Potsdam, Alemania. También ha sido investigador invitado en Bucarest, Varsovia, Leipzig, París, Berlín, Bogotá y Stanford. Faraldo es especialista en historia de Europa Oriental, como demuestran sus últimos libros: La Europa clandestina. Resistencia contra las ocupaciones nazi y estalinistas (1938-1948) y La revolucio´n rusa: historia y memoria.
“Hasta ahora –escribe Faraldo en el prólogo- no había obra alguna que analizara en conjunto las distintas agencias de policía política de la Europa comunista, ni ha sido habitual mostrar cómo han sobrevivido al capitalismo los traumas y las herencias de aquel pasado violento”. El libro aborda el origen, desarrollo y las consecuencias del legado de estas policías secretas también en la actualidad, pues en muchos de estos países se han tomado iniciativas para recuperar la memoria del comunismo y para analizar –en algunos casos con encendidas polémicas- el contenido de unos archivos que explican por sí solos la magnitud del trabajo de control y represión realizado durante décadas, labor que va más allá del trabajo realizado exclusivamente por los miembros activos de estas policías y que se extiende a los numerosos confidentes con que han contado. Solo en el caso de Rumanía, en 1989 la Securitate tenía 15.000 miembros y entre 400.000 y 700.000 confidentes.
El libro se centra especialmente en la creación y evolución de la policía política después de la Revolución rusa. Ya en el mismo diciembre de 1917, con Lenin como ideólogo y el polaco Feliks Dzierzynski como jefe del comisariado, se creó la “Comisión Panrusa Extraordinaria para Combatir el Sabotaje y la Contrarrevolución” (Cheká), una maquinaria represiva autónoma y extrajudicial que no dependía del nuevo Gobierno sino directamente del Partido Comunista. En diciembre de 1917 contaba con 100 miembros que aumentó hasta los dos mil en julio de 1918 y a los 260.000 (entre civiles y militares) en 1921. La Cheká (y sus diferentes nombres OGPU, GPU, KGB…) fue una pieza clave del régimen comunista.
A continuación, analiza Faraldo la internacionalización de la policía secreta tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la aparición del bloque comunista. Estudia tres casos: la Stasi en la Repu´blica Democra´tica Alemana, la Securitate en Rumani´a y el SB en Polonia. Todas ellas imitaron los métodos de la Cheká y también funcionaron como herramientas de represión que dependían directamente de los respectivos partidos comunistas. En todas, detrás estaba la mano de la URSS. Por ejemplo, en Rumanía, la Dirección General del Pueblo se creó en 1948 y tuvo como primer jefe al soviético Pantelimon Bodnarenko, que adoptó el nombre rumano de Gheorghe Pintilie para ocultar su procedencia. Lo mismo hicieron otros asesores soviéticos en el resto de los países del este.
El libro analiza después algunas actuaciones de estas policías secretas en relación con España: vigilancia a diplomáticos y exiliados, relación con ETA, condiciones de los exiliados, financiación de actividades, sostenimiento económico del PCE… Algunos de esos países, como la Rumanía de Ceaucescu, fueron destino de descanso de los dirigentes comunistas españoles. Por último, el libro, en varios capítulos novedosos y muy interesantes, describe la situación de estas policías secretas tras la caída del comunismo, algunas de las polémicas que se han dado cuando se han conocido los nombres de algunos confidentes y los trabajos de investigación que se están llevando a cabo para conocer mejor el alcance del comunismo y sus policías políticas.
Los revolucionarios rusos tuvieron como modelo, y no lo ocultaban, la violencia ejercida tras la revolución francesa. Ante algunas acusaciones sobre cómo se estaba desplegando este terror de manera arbitraria ya en 1917, Lev Trotski escribió lo siguiente: “Te indignas con el terror desnudo que estamos aplicando contra nuestros enemigos de clase, pero déjame decirte que dentro de un mes como máximo asumirá formas mucho más espantosas, modeladas sobre el terror de los grandes revolucionarios franceses. No la prisión, sino la guillotina esperará a nuestros enemigos”.

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