Memorias de un Tramposo
Sacha Guitry
A los doce años, en 1894, el protagonista del relato queda huérfano y sin familiares, fallecidos por la ingestión de setas venenosas. Él tuvo la fortuna de librarse de la muerte al estar castigado a no comerlas. El pariente al que se le otorgó la custodia le hacía víctima de malos tratos, además de robarle la herencia, por lo que se marcha de su casa y consigue empleo en un res...
A los doce años, en 1894, el protagonista del relato queda huérfano y sin familiares, fallecidos por la ingestión de setas venenosas. Él tuvo la fortuna de librarse de la muerte al estar castigado a no comerlas. El pariente al que se le otorgó la custodia le hacía víctima de malos tratos, además de robarle la herencia, por lo que se marcha de su casa y consigue empleo en un restaurante de la ciudad de Caen. De allí pasa a trabajar en hoteles de París hasta que se traslada a Mónaco y se inicia como crupier. En esta profesión aprende a hacer trampas y a vivir del juego. Años después de finalizar la Primera Guerra Mundial, un encuentro inesperado con el hombre que le salvó la vida durante el conflicto, cambia su destino. A partir de ese momento, deja de hacer trampas en el juego y se convierte en un auténtico ludópata, lo que le lleva a la ruina. La obra, escrita en tono humorístico, narra la historia de un pícaro, figura de larga tradición literaria, que se mueve entre los de su calaña aunque sin aprovecharse de las personas honradas que se ganan la vida trabajando. El protagonista, que desde la infancia aprendió a sobrevivir solo y a defenderse de estafadores de guante blanco, sirve de pretexto al autor para describir el ambiente de hoteles, restaurantes y casinos de lujo de comienzos del siglo XX, antes de que la Segunda Guerra Mundial provocara su decadencia. El empleo de la primera persona en la narración y el carácter desenvuelto del estilo aproximan al lector actual a un mundo ya lejano, frívolo y sin escrúpulos, donde el dinero corría sin trabas y todo estaba permitido. Fechada en 1935, la novela, llevada al cine por su autor con mucho éxito, es una de las más conocidas de Sacha Guitry (San Petersburgo, 1885 - París, 1957). La moraleja que resume el desenlace supone una justificación del juego llena de ironía y cinismo.
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