Metrópolis
Ferenc Karinthy
Budai se dirigía a un Congreso de Lingüística en Helsinki, pero aterriza en un país desconocido, de lengua extraña incluso para él, que domina varias lenguas y conoce los rudimentos de otras muchas. La inmensa metrópoli donde se encuentra sí es similar a tantas otras, con riadas de gente desplazándose en masas ingentes, entre las que se abre camino a codazos. Budai quiere salir...
Budai se dirigía a un Congreso de Lingüística en Helsinki, pero aterriza en un país desconocido, de lengua extraña incluso para él, que domina varias lenguas y conoce los rudimentos de otras muchas. La inmensa metrópoli donde se encuentra sí es similar a tantas otras, con riadas de gente desplazándose en masas ingentes, entre las que se abre camino a codazos. Budai quiere salir de ese lugar donde no puede comunicarse con nadie, pero acaba siendo absorbido por el tráfago de gente que materialmente le lleva en volandas, y fascinado por el gigantesco tamaño de la gran ciudad, cuyos confines nunca alcanza a ver ni a pisar.
La obra es una metáfora de aquello en lo que pueden convertirse las metrópolis actuales, que absorben las energías y la voluntad de sus habitantes para sumergirlos en su corriente de consumo, de continuo movimiento y desplazamiento. El autor logra mantener la tensión y la atención constante del lector, que se mueve al hilo de los sentimientos del protagonista. Y lo hace sin un diálogo, sin una verdadera comprensión de lo que realmente sucede, buscando analogías con otras lenguas, con otros sistemas de señales, con modos de actuar que se parecen a los de este lugar extraño y tan parecido a cualquier otra gran metrópoli, llena hasta la asfixia de gente violenta que lucha por hacerse un lugar, que se convierten en masas enardecidas, a la vez festivas y hostiles. Toda una metáfora de la incomunicación y de la soledad del individuo en la gran ciudad.
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