ONCE TEÓLOGOS ANTE EL DIÁLOGO CIENCIA-FE

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REFLEXIONES FILOSÓFICAS A LA LUZ DE LA REVELACIÓN

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Nos situamos frente a un libro compuesto por once artículos especializados a los que se añade la introducción del editor que los recopila y que pretende una visión multidisciplinar del estado de las relaciones entre la ciencia y la fe desde el punto de vista filosófico y teológico: para un conocimiento exhaustivo de la realidad, junto a la contribución de las ciencias, aportan otras perspectivas la estética, la ética, la fe, etc.
Oponerse a las ciencias sería un mal para la fe, más aún que para la ciencia, pero tampoco se puede caer en el cientifismo de pensar que el único modo de conocimiento de la realidad es aquel que proviene de las ciencias empíricas, lo que constituiría un reduccionismo empobrecedor. En palabras de Max Planck, el físico con el que se inició la Física Cuántica, la ciencia nos lleva a un punto más allá del cual no puede guiarnos. Pero también hay que huir del fideísmo o de las interpretaciones literales de las Sagradas Escrituras que ignoran el progreso de la racionalidad y de la ciencia actual. La realidad es única, aunque se pueda estudiar en sus diversas facetas, cada una de las cuales aporta aspectos significativos que deben ser considerados como interdisciplinares.
La teología no tiene nada que decir a la ciencia en cuanto a su método ni debe temerla: tiene su propio método que pone cierta distancia del método inductivo de los empiristas como Hume o Bacon y del meramente deductivo con tesis falsacionistas como el propuesto por Popper. Aun así, cierta apología cristiana que pone a Dios en la frontera de la ciencia (argumentum ex ignorantia) verá cómo Dios será desplazado con cada avance o descubrimiento, ya que su existencia queda relegada al territorio en donde la ciencia no ha llegado aún. Es más conveniente pensar que, aunque interdisciplinares, el ámbito de estudio de la ciencia y de la teología son distintos, así como sus métodos. La ciencia se ocupa del cómo de las cosas, de su función y desarrollo, mientras que la religión se ocuparía del porqué, de su sentido y propósito.
Especial relevancia tienen los artículos que se fundamentan en la fenomenología sapiencial y personalismo de Edith Stein y el estudio de la evolución de la humanidad en Cristo de Teilhard de Chardin, que pone de manifiesto su preocupación por tender puentes entre las ciencias y la religión intentando una unificación de ambos saberes. Por otra parte, el estudio comparativo del Poema de Gilgameš (texto mesopotámico sobre el origen de los hombres) con los relatos de la creación del Génesis lleva a un análisis muy profundo de los símbolos comunes que aparecen en las dos narraciones, así como sus analogías y diferencias.
También hay un estudio de la interacción entre religión y la ciencia económica, de la contribución de los franciscanos a una comprensión racional de los bienes, así como la fundamentación franciscana de los Montes de Piedad, aunque fueron creados por las autoridades civiles. La economía funciona mejor cuando asume valores religiosos, de lo contrario produce desigualdades e injusticias. La modernidad ha separado religión y economía como consecuencia del dualismo gnóstico de separación de materia y espíritu.
La concepción del trabajo también ha sido muy influenciada por el mundo protestante, especialmente por el calvinismo. Para el catolicismo, el trabajo tiene una vertiente de colaboración con la obra creadora de Dios, pero en el calvinismo se entiende como expiación y obediencia ya que la naturaleza corrompida del hombre por el pecado original le incapacita para el altruismo. El éxito sería una señal de predestinación y por eso al pobre, al ser incapaz de disciplina, se le castiga.
Los dos últimos artículos estudian la contribución de las neurociencias y de la física a la concepción de la realidad. La distinción entre mente y cerebro es fundamental para no caer en un emergentismo materialista. La mecánica cuántica también ha abierto nuevas posibilidades de experimentación con la realidad que transforma sustancialmente el concepto que tenemos de realidad física, enriqueciendo la causalidad eficiente propia de la física tradicional determinista con otros modos de causalidad aristotélica como la causalidad formal.
Los autores de los once artículos son de lo más variado. Entre ellos, filósofos, teólogos, un neurocientífico y un físico, aunque todos se centran en cómo la teología enriquece a sus parcelas de saber y viceversa. El nivel científico de los artículos es bastante elevado por lo que es un libro recomendado para expertos o, al menos, para lectores con cierta formación filosófica o teológica.

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