Quemar los Días
James Salter
Memorias que el autor (Nueva York, 1925) publicó en 1997. Estudió en West Point, en 1945 ingresó en las Fuerzas Aéreas y al volver de la guerra de Corea se dedicó a escribir novelas, guiones cinematográficos y colaboraciones periodísticas, con gran éxito.Salter narra con soltura, con emoción contenida y sin adjetivación, la disciplina militar, sus primeros vuelos de aprendizaje...
Memorias que el autor (Nueva York, 1925) publicó en 1997. Estudió en West Point, en 1945 ingresó en las Fuerzas Aéreas y al volver de la guerra de Corea se dedicó a escribir novelas, guiones cinematográficos y colaboraciones periodísticas, con gran éxito.
Salter narra con soltura, con emoción contenida y sin adjetivación, la disciplina militar, sus primeros vuelos de aprendizaje de piloto, sus conquistas femeninas, las relaciones sociales y de amistad, y lo cuenta sin especial protagonismo de las emociones ni de los recuerdos. Su estilo, sencillo y a la vez poderoso, logra mostrar con pocas palabras la atmósfera, las sensaciones, los deseos del protagonista y de los que le rodean, y ésta es la clave que le distingue de otros escritores. Con sutiles referencias e implícitos traza firmemente una escena, una imagen, un suceso que el lector puede imaginar perfectamente. Acierta en elegir justamente las expresiones -unas ya conocidas combinadas con otras audaces-, en las que clava una descripción. Sus recuerdos se relatan al desgaire, sin exactitud cronológica y saltando de un tema a otro de modo muy acertado.Salter recuerda a las mujeres con las que estuvo sin mostrar la intimidad que pudo haber, con gran elegancia y soltura. El ritmo de la novela va acompasado con su estilo, que resulta a la par sereno y grandioso, elegante y mesurado. Lo que él relata suele ser cinematográfico y su visibilidad es tan viva como si se viera en la pantalla o en la imaginación.
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