RIALTO 11

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Belén Rubiano (Sevilla, 1970) tuvo desde siempre muy claro que estaba destinada a vivir entre libros. Desde pequeña, como cuenta en este libro, sintió una fascinación total por la lectura, que la llevó a pasar muchas horas en la biblioteca de su localidad. Luego, muy joven, ya en Sevilla, empezó a trabajar en una cadena de librerías, donde aprendió los rudimentos de un negocio complejo y comprobó que la mayor parte de las tareas que realizaba tenían poco que ver con una imagen un tanto idílica que a veces se tiene del trabajo en las librerías: “la tensión diaria, la ínfima o inexistente tolerancia con el menor error o demora, el trabajo de carga y descarga que hay detrás del libro de oferta y de ocasión, los continuos y amanuenses cambios de precio, la avalancha diaria de novedades y pedidos a los que había que dar entrada y salida (pues las devoluciones no iban a la zaga), el plumero continuamente en mano para defender los libros de su polvo, las horas extras porque sí”… A pesar de todo, la autora se sentía ligada a ese negocio de una manera tan fuerte que años después decidió montar su propia librería.
Tras muchas búsquedas, encontró a finales de los años 90 un local en lo que en Sevilla se conoce como la plaza del Rialto “por un antiguo cine que también lo apandó el tiempo y sus estragos”. La librería era “tan hermosa como pequeña, de techos altísimos con elegantes molduras”. Comenzaron las obras de acondicionamiento y las negociaciones con las editoriales, nada fáciles cuando se es una librería pequeña. Cuando abrió la librería y se lanzó a la aventura comprobó la dificultad de sacar adelante un negocio que reclama lectores asiduos y constantes, empresa difícil antes y ahora. La autora confiaba en vender los libros que reclamaban en los colegios cercanos y en ir poco a poco construyendo una clientela con la que tendría un trato personal basado en las recomendaciones de libros y los intercambios de sugerencias.
La autora contactó con diferentes vecinos del barrio. Mantuvo una estrecha amistad con muchos de ellos. Hizo favores de todo tipo. “Había conseguido, casi desde el principio, que excelentes lectores y clientes me concedieran la regalía de su confianza”. Pero también desde los inicios tuvo problemas para que las cuentas cuadraran. Con el objetivo de dar a conocer su librería en otros frentes, comenzó a colaborar en diferentes medios de comunicación (revistas, emisoras de radio, cadenas de televisión…), donde la autora se ganó prestigio como experta en libros.
El libro contiene sus vivencias personales, sus iniciativas para sacar adelante la librería y las anécdotas que forman parte de la historia de la librería, como esa persona que pidió tres metros y medio de libro azul marino y verde clarito, el ladrón de los sábados, la apacible anciana pedigüeña, la relación con clientes especiales, las visitas de autores famosos (como la tertulia en su librería con el escritor Enrique Vila-Matas) y reflexiones sobre cuestiones que tienen que ver con la lectura y la promoción, o las diferencias que existen entre las mujeres y los hombres a la hora de escoger un libro: para Rubiano, “la mujer quiere comprender mejor los verbos nacer, vivir y morir, y quiere hacerlo con todo lujo de detalles. Pocas veces los encontrará excesivos, molestos o innecesarios. Y quiere calidad”, sobre todo en novelas contemporáneas y clásicas. La librería se hizo famosa por una pizarra que, como las de los bares, Rubiano puso en la calle con una cita que cambiaba todos los días. Una de esas citas, refleja, para ella, también el tipo de personal que a menudo se acercaba a las estanterías de su librería: “Si no tiene nada que hacer, por favor, no lo haga aquí” (Eduardo Galeano).
A pesar de su entusiasmo, de sus iniciativas, de buenos clientes, la librería “estaba tocada de muerte y tan endeudada que tardé años, tras perderla, en pagarlo todo”. La autora vivió el naufragio final “como una enfermedad dolorosa y mortal”. Sin embargo, sigue añorando aquellos años y las dificultades que pasó, que le permitieron valorar el papel de los libros y las librerías en su vida y la de los demás.
Rialto, 11 se suma a la larga lista de novelas basadas en la vida interior de las librerías, de las que podemos destacar Nuestras riquezas, de Kauther Adimi; Diario de un librero, de Shaun Bytell; La librería, de Penelope Fitzgerald; Una librería en Berlín, de Françoise Frenkel; Mi maravillosa librería, de Petra Hartlieb; y, entre otras muchas, 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff, que será próximamente reeditada de nuevo por Anagrama con motivo del 50 Aniversario de la editorial.

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