SOLO LOS ELEFANTES ENCUENTRAN MANDRÁGORA

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En la narrativa de Armonía Somers se puede percibir una mirada transgresora, punto de vista que comparte con otras escritoras como Djuna Barnes, María Luisa Bombal, Margu Solo los elefantes encuentran mandrágora es casi el monólogo de una mujer apesadumbrada, Sembrando Flores de Médicis, sometida a interminables pruebas médicas para intentar curar un quilotórax. La mujer se asfixia; los médicos perforan, experimentan, y en la habitación contigua hay ?un tipo joven, desnudo, informe y blanco como masa cruda?, acompañado por su madre: lo van a intervenir en la cabeza para que deje de masturbarse mientras mira a la madre. A partir de esta situación, colindante con lo inconfesable, se entrelaza la polifonía de Solo los elefantes encuentran mandrágora. Las crónicas son muchas: la estirpe que inmortaliza o inventa la enferma; el folletín del siglo XIX que su madre le leía a una mujer en la Casa de las Siete Ventanas; la historia de los vecinos de esa casa; el gato Cantaclaro, la infancia, sandías a la deriva en una riada, el cura Juan, las desazones de hospital, el Ángel femenino que auxilia a la enferma, etc. Solo los elefantes encuentran mandrágora, corrobora la manera de disponer la escritura: la imaginería de animal gigante y planta milagrosa. Es una novela que desafía cualquier intento de domesticación teórica

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