Un Campamento de Miedo
Teresa Broseta
El protagonista de esta narración infantil se enfada al saber que sus padres lo enviarán a un campamento durante las vacaciones de Navidad, debido a que los dos trabajan en esos días.Al iniciar el largo viaje en autobús, con dos niñas y dos niños más, todos de unos once años, acompañados de una monitora joven y simpática, su ánimo estaba muy decaído y lo estuvo más al ver lo de...
El protagonista de esta narración infantil se enfada al saber que sus padres lo enviarán a un campamento durante las vacaciones de Navidad, debido a que los dos trabajan en esos días.
Al iniciar el largo viaje en autobús, con dos niñas y dos niños más, todos de unos once años, acompañados de una monitora joven y simpática, su ánimo estaba muy decaído y lo estuvo más al ver lo decrépito del albergue donde se hospedarían. Sin embargo, poco a poco, la buena voluntad de la monitora y sobre todo la habilidad del dueño del albergue para cocinar y contar historias de miedo, logran que los niños se olviden del intenso frío y de la precariedad de las instalaciones. Las excursiones a lugares de la comarca con nombres como la Cueva de las Brujas, el Paso del Diablo o el Pico de los Aparecidos, todos ellos cargados de leyendas, hacen que los días de campamento pasen sin sentir, entre apetitosas comidas y momentos de inquietud o de miedo. La sorpresa del descubrimiento de un escondite repleto de joyas, que los chicos regalan al dueño del albergue, para que pueda remodelarlo, pone un bonito final a una historia que empezó mal y no pudo acabar mejor. La obra está contada en tono sencillo, con estilo coloquial, sin pretensiones literarias. Sin embargo, la autora consigue crear un buen clima narrativo, a base de combinar imaginación, sentido del humor y espíritu de camaradería, con una intriga que produce cierto temor pero sin sobresaltos.
© Reseñas bibliográficas Fundación Troa
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