Veinte Dias con Julian y Conejito
Nathaniel Hawthorne
Desde el 21 de julio hasta el 16 de agosto de 1851 la mujer de Hawthorne (1804-1864) se fue de vacaciones a casa de sus padres, con sus dos hijas, y dejó a su marido en casa, al cuidado de su hijo de cinco años y de la mascota de éste, un conejo débil y asustadizo que no sobrevivió a su ausencia. El escritor anotó en un diario los esfuerzos que hizo durante esos días por ser un...
Desde el 21 de julio hasta el 16 de agosto de 1851 la mujer de Hawthorne (1804-1864) se fue de vacaciones a casa de sus padres, con sus dos hijas, y dejó a su marido en casa, al cuidado de su hijo de cinco años y de la mascota de éste, un conejo débil y asustadizo que no sobrevivió a su ausencia. El escritor anotó en un diario los esfuerzos que hizo durante esos días por ser una buena compañía para el pequeño Julian, y de modo sincero refleja éxitos y fracasos, alegrías y dificultades.
La obra se divide en dos partes, igualmente interesantes. En la primera, el también escritor norteamericano Paul Auster realiza un brillante comentario a esta obra, una de las menos conocidas del muy clásico y conocido autor de "La letra escarlata". En él destaca tanto las dotes literarias de Hawthorne como su cariño por un hijo encantador pero hiperactivo, charlatán y decididamente madrugador, en un tono ligeramente divertido que trasluce su propia experiencia de la paternidad. El texto del diario, que ocupa la segunda parte y en principio no estaba pensado para publicarse, tiene el atractivo de la espontaneidad de una historia íntima y doméstica que, en el fondo, cuenta sentimientos intemporales, permanentes al paso de los siglos. Hawthorne y Julian se quieren, son felices, juegan, a veces se cansan el uno del otro y, aunque por distintas razones, añoran igualmente a la madre de familia, tal como se aprecia en las páginas finales de esta grata narración, llena de matices psicológicos y ambientales.
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