La obra está formada por un largo monólogo que una mujer, soltera y embarazada de un hombre a quien no ama, dirige al niño que lleva dentro de sí. A través de esta carta nunca escrita, la futura madre explica a su hijo las perturbaciones físicas, psicológicas, profesionales y sociales que su embarazo le plantea, así como su actitud ante la vida y sus dudas, angustias y temores frente a un porvenir incierto pero que adivina cruel, a juzgar por su experiencia del pasado.
La autora, con su habitual olfato periodístico, ha sabido elegir el tema con arreglo a la más estricta actualidad de ese momento. Su personaje es una mujer independiente, "liberada" y con una situación profesional agradable pero también es un ser lleno de dudas, que se siente sola con la soledad típica de las grandes concentraciones humanas, y que no sabe lo que es amor porque su corazón está endurecido por el esfuerzo de sobrevivir. Con estos elementos Oriana Fallaci hace, en el fondo, un reportaje periodístico sobre los problemas de la madre soltera aunque adopta una forma más literaria. Su monólogo está bien escrito, con un estilo directo y vibrante, que no resulta monótono pese a la falta de elementos externos. Sin embargo, y a pesar de que la obra ha sido bien calculada, quiza hay en ella una excesiva dosis de sentimentalismo, que llega a rozar el melodrama. La muerte del niño y la secuela de remordimiento de la madre (pese a que ésta muerte no ha sido provocada) así como su negativa a dejarse extraer el embrión sin vida, resultan un desenlace un tanto forzado dado el carácter de la protagonista. La obra constituye un trabajo brillante, de efectos sensacionalistas seguros pero no demasiado profundo ni elaborado.
La obra plantea el dilema “de dar la vida o negarla" desde la perspectiva de un embarazo fuera del matrimonio, es decir una decisión que solo corresponde a la mujer. La autora, con un feminismo agresivo ataca la presión de todos (amante, jefe, amistades) para que la madre aborte y cuando esta se niega, las dificultades que todos le ponen para seguir haciendo vida normal, hasta el punto de que ella, en el fondo inconscientemente no desea aI niño o le transmite a éste su hastío de vivir; por eso cuando muere se considera culpable. La obra es ambigua, llena de dudas en cuanto a las consecuencias éticas y morales que de ella pueden extraerse, según el gusto del lector. Lo único que queda claro es la incredulidad religiosa de la protagonista varias veces reconocida por ella, pero el resto, defensa o ataque del aborto, o de las madres solteras, se presenta como algo opinable. El hecho positivo de que el amor madre-hijo se reconozca como algo natural instintivo se enfoca sin embargo de modo erróneo, al excluir violentamente la imagen paterna; esto da lugar a que la autora trasladándose al dogma cristiano, deslice conceptos erróneos sobre la Sagrada Familia.
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